El Pinacate y Gran Desierto de Altar


Por Salatiel Barragán
El Pinacate y Gran Desierto de Altar

Es un ambiente donde la temperatura varía muchísimo pues durante el día se eleva por la intensa radiación solar y por la noche, el suelo se enfría rápidamente; aquí personas, plantas y animales, se han adaptado a las condiciones extremas de este desierto sonorense.

En el extremo final del noroeste mexicano, se encuentra uno de los desarrollos turísticos más novedosos del estado de Sonora: Puerto Peñasco, un poblado pesquero visitado por miles de turistas de los vecinos estados de Arizona y California. Este es el punto desde el cual podemos hacer recorridos por el Mar de Cortés y hasta sitios espectaculares como la reserva de la biosfera Gran Desierto de Altar y el Pinacate. Nos decidimos por visitar esta área natural protegida, y para recorrer este territorio cubierto por vegetación espinosa, elegimos un vehículo alto y con doble tracción, para internarnos por decenas de caminos trazados en la tierra reseca del semidesierto sonorense.

Esta área protegida cuenta con 714,556 hectáreas y fue creada mediante Decreto Presidencial el 10 de junio de 1993. El acceso principal y oficinas donde están los investigadores, es en el ejido “Los Norteños”, junto a la carretera Sonoyta- Puerto Peñasco, a la altura del kilómetro 52. Al empezar el recorrido, debemos registrarnos con los guardaparques en la entrada a la Reserva, porque es una enorme zona deshabitada, por lo que resulta muy importante notificar quiénes y cuántos visitamos la reserva. La parte más accesible y los mayores atractivos del área, son los conos y cráteres volcánicos, entre los que destaca El Elegante, El Tecolote y Cerro Colorado.

El Desierto de Altar

Desierto de Altar

Con la asistencia del personal de esta reserva, visitamos varios de los puntos más interesantes; nuestro vehículo alto nos permite recorrer sitios que ofrecen diferentes atractivos, que en conjunto crean paisajes casi lunares; atrás de nosotros una nube de polvo se levanta constante y nos sigue, el camino pedregoso está rodeado por chollas, cardones, sahuaros y arbustos de palo verde, mezquite y palo fierro. En el trayecto, vemos flujos de lava y oscuras rocas de formas caprichosas, y en la distancia sobresalen las elevaciones y conos truncados de volcanes extintos, como el Cerro Colorado que luce una coloración rojiza que se refleja en las nubes bajas y cercanas.

En un área impactante desde el punto de vista geológico, pues aquí pueden apreciarse decenas de cráteres volcánicos, raras estructuras rocosas y oscuros restos de lava sobre extensas superficies. Este ambiente rocoso permitió que astronautas de la NASA realizaran varios entrenamientos, debido a la similitud de esta zona con algunos paisajes lunares.

Atravesada por varios caminos rústicos, toda esta región del desierto sonorense conocida como El Pinacate, debe su nombre según algunos, a un diminuto escarabajo de intenso color negro que abunda en estas tierras; aunque otra teoría hace mención a la semejanza del perfil de la Sierra Santa Clara con este pequeño insecto.

Flora en el desierto

Amanecer en el desierto

Para muchos, el principal atractivo es el cráter El Elegante, es más visitado por qué el vehículo llega casi hasta su borde. Desde su cima se aprecian con claridad sus 1600 m de diámetro y los más de 250 m de profundidad: es un enorme hueco, el más grande de todos los cráteres ubicados en la zona. Para llegar hasta él, es necesario recorrer 25 km de buen camino rústico; desde aquí el Cerro el Tecolote está a escasos 7 km, y el Cerro Colorado, a menos de 10 km.

Sahuaro

El majestuoso sahuaro

En el trayecto se puede admirar al escurridizo Correcaminos, y ver volar palomas y halcones, así como encontrar serpientes, liebres, coyotes y venados; aquí tienen refugio animales raros, y a veces hasta es posible encontrar cerca de las sierras al casi extinto borrego cimarrón.

La elevada cima rojiza de El Tecolote permite distinguir las verdes planicies con elevaciones de tamaños variados. Aquí algo llamativo es el resplandor blanquecino que crea la luz sobre las choyas; cerca sahuaros y cardones espigados parecen centinelas en las laderas de los cerros, y él ocotillo eleva al cielo sus flores rojas. En la base del Tecolote, un diminuto valle sirve para acampar y desde ahí caminar hasta un extenso mar de lava con sahuaros solitarios en medio de la aridez volcánica; además, es posible disfrutar del atardecer rojizo que contrasta con la oscura silueta del volcán Santa Clara o Pinacate, que a veces llega a tener nieve, pues se eleva hasta 1200 msnm.

Crater El Elegante

Crater El Elegante

Es importante mantenerse en las rutas establecidas, porque al alejarse de ellas, se puede extraviar o afectar especies vegetales únicas, así como los restos arqueológicos de los indígenas Pápagos, quienes desde hace miles de años han atravesado la región en peregrinaciones rumbo al Mar de Cortés, y que han dejado evidencias de su paso por la zona, como puntas de flecha, restos de cerámica y pinturas en las rocas. Durante milenios, estos grupos se adaptaron al desierto y para sobrevivir aprovecharon el fruto del sahuaro, las plantas medicinales, las yucas y pastos para fabricar su indumentaria, y el agua de lluvia almacenada en las tinajas rocosas a lo largo de sus rutas tradicionales.

Vida en el desierto

Vida en el desierto

Hace unos 2 millones de años, la antigua actividad volcánica creó un ambiente que hoy nos permite disfrutar enormes cráteres con bordes poco elevados, rodeados por matorrales, que con las primeras lluvias adquieren gran verdor. El desierto sonorense, que ocupa más de medio estado y lo comparte con Arizona, California e islas del Mar de Cortés, es uno de los cuatro más importantes de Norteamérica y sobresale como el más complejo, por su biodiversidad e impactante geología. Es un ecosistema joven que terminó de contraerse y expandirse con la última glaciación, hace unos 10,000 años, y se argumenta que se trata de un desierto tropical debido a su variada flora, donde el área de El Pinacate destaca por sus casi 600 especies vegetales.

Mar de Cortés

Mar de Cortés

El cielo profundamente azul, libre de nubes, nos recuerda que hace pocos meses, durante la temporada de lluvias, el suelo de este desierto obtuvo la belleza efímera de un jardín de flores silvestres con la diminuta alfombrilla que iluminó de púrpura todo el paisaje por unos días. También las lluvias invernales, crean paisajes de colores rojo, amarillo y blanco, en este ambiente que casi todo el año está desolado. En él surgen plantas anuales y perennes que florecen pocas veces en un lapso de varios años y adornan superficies que durante años ocultan diminutas semillas, bulbos y rizomas que soportan la sequía, y sólo esperan algo de lluvia para darle nueva vida al desierto.

Aquí, desde cualquier punto elevado, hacia el sur se aprecia el extenso mundo arenoso del aledaño Desierto de Altar, y más adelante se nota una delgada línea azul formada por las aguas del Mar de Cortés. En contra de lo que muchos imaginan, El Pinacate y Gran Desierto de Altar, es un lugar con abundante vida, donde el hombre actual utiliza el conocimiento y prácticas tradicionales, empleadas durante milenios por los grupos indígenas que han habitado la región. Sabemos que de nuestra capacidad, dependerá el vivir con el desierto y no contra él, y ahora, sólo debemos cuidarlo de nosotros mismos y darle un uso que no altere su enorme capacidad renovadora.

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