La calle del niño perdido


Calle del Niño Perdido

Enrique de Verona logró gran prestigio como escultor en Toledo, en España. Como era mucha su fama fue contratado por el virrey para  realizar el altar de reyes en la catedral de México.

También en la nueva España ganó honra y dinero; Verona había dejado esperando en España a una guapa mujer.

Se disponía a volver para enlazar su vida a la de ella, cuando he aquí que a la víspera de su viaje, al dar vuelta a una esquina tropezó con una dama a quien se  le cayó el pañuelo. Por su natural cortesía lo levantó y lo entregó a la doncella, la cual fijó sus ojos en los de Verona y con una voz como música le dijo: “Gracias caballero”.

Se quedó parado en la esquina viendo alejarse a la doncella y aquél “gracias caballero” se lo repetía el mismo una y otra vez.

Hasta entonces se acordó de todas las cosas que le faltaban arreglar para su viaje  del día siguiente, queriendo disculparse con mil pretextos por el cambio que acabara de experimentar su corazón; quería demorarse y dejar esperando a la gaditana.

Pronto se conocieron Verona y Estela Fuensalida, que tal era el nombre de la doncella que también tuvo que dejar plantado a su prometido, un viejo platero llamado Don Tristán de Valladares.

La gaditana se quedó esperando, pero Valladares, lleno de rabia, juró vengarse en la primera oportunidad.

Pasó un año, Estela tenía un hermoso niño y todo parecía estar en paz, hasta que una noche de Diciembre de 1665 llegó Valladares sigilosamente a la casa de Estela y prendió fuego a un pajar.

Estela y su esposo despertaron aturdidos en medio de llamas. Todo fue confusión, los criados corrían tratando de salvar sus vidas. Estela cayó desmayada y los vecinos que habían acudido, apagaron el fuego y salvaron a Estela. Cuando se repuso reflexionó que se hallaba sin su esposo y sin su hijo, una angustia indescriptible se apoderó de ella y arrodillada en el suelo gritaba llamándolos.

Llegó el esposo, pero sin el pequeño, el dolor de ambos no tuvo límite. Estela se arrojó a las llamas para entrar por su hijo, Verona se lo iba a impedir cuando se escuchó el llanto de un niño y vieron a un hombre que trataba de esconderlo, Verona fue sobre él quitándole el niño. Era el hijo de Estela y el hombre vengativo Tristán.

La gente que había visto llorar a Estela por su hijo desde entonces llamó a la calle de El Niño Perdido.

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