Las Glorias

Dulce tentación norteña que sabe a gloria


José Carlos Aviña
Las Glorias

Miente aquel que dice que conoce la Sultana del Norte, pero que no ha escuchado nada sobre los dulces conocidos como “Glorias”, ya que cualquier época del año es buena para saborear una gloria, aunque según los fabricantes, el invierno es cuando más se venden.

Así que ya sabe, si un día andando por Nuevo León pasa por Linares, en la orilla de la carretera podrá observar a varias personas ofreciendo estos riquísimos dulces.

Es más, si entre sus planes no tiene proyectado andar de compras, sólo visite una tienda del aeropuerto, un supermercado y donde vea un dulce envuelto con papel celofán rojo, de inmediato tómelo y disfrútelo, seguro le sabrán a “gloria”, y entonces comprenderá por qué se llaman así esos tradicionales dulces.

De acuerdo a la historia de este dulce sin igual, nos cuenta que Natalia Medina Núñez y Melesio Pérez, al inicio de la década de los años 30´s del siglo pasado, iniciaron un pequeño negocio de marquetas: mientras ella las preparaba, él se encargaba de la comercialización en el vecindario.

Con el paso del tiempo se hicieron de gran popularidad, por lo que decidieron romper su sociedad y cada quien por su lado comenzó un pequeño negocio de marquetas: ella con el nombre de “La Salamanca”, mientras que él fundó la que llamó “Pérez”.

A doña Natalia no le agrado mucho la idea, por lo pensó en un producto nuevo y diferente, dando como resultado “las glorias”, que resultaron ser una alternativa más económica y pequeña que la marqueta, aunque en forma de bola. El procedimiento era el mismo, pero el resultado era más accesible al consumidor.

Plaza Principal de Linares

Plaza principal de Linares

Del porqué del nombre contaba ella misma: “Mis dulces no tenían nombre, y un buen día me dio por ir a registrarlas. Ahí me pidieron el nombre que debería ponerles y como no iba preparada, pensé en mi nietecita de nombre Gloria, y así los registré”.

Actualmente, en Linares existen alrededor de 15 empresas que se dedican a la elaboración de estos productos de leche quemada, desde la tradicional marqueta hasta las famosas glorias, que incluso han tomado otros nombres. De todas estas empresas, sólo una de ellas produce los dulces a nivel industrial, mientras que la mayoría lo hacen domésticamente, en la cocina de una casa.

El negocio que fundó doña Natalia a principios de los años 50´s, hoy en día lleva por nombre “Marquetería La Guadalupana”, llamada así por la gran devoción que ella tenía por la virgen morena. En esa empresa laboran cinco muchachas, además de la familia que se encarga de las ventas y supervisión. Esta tradicional marquetería siempre se ha mantenido a nivel casero, vendiendo toda su mercancía dentro del negocio mismo. A ellos nunca les ha interesado producir sus dulces en grandes cantidades porque, dicen, perderían su sabor característico.

Las Glorias forman parte de una tradición dulcera artesanal local y las personas que pasan por la carretera, se paran a comprarlas para llevar a casa y compartir con familiares y amigos.

Las Glorias

Como ya se dijo, la venta y distribución que hace esta marquetería es dentro del local mismo, mientras que otros negocios venden al mayoreo a los clientes o a los “marqueteros”, personajes interesantes que con el paso del tiempo han ido modificando su modus operandi. Originalmente vendían marquetas en las estaciones de ferrocarril y de autobuses, así como en las gasolineras. A la altura del hombro en una mano o sobre la cabeza, portaban una charola rectangular de madera con las marquetas acomodadas atractivamente para el comprador, mientras gritaban a voz viva: “Hay marquetas, marquetaaas”.

Hoy en día los marqueteros venden más glorias que marquetas y es común verlos en el libramiento de la carretera Cd. Victoria-Monterrey, aunque también pululan por la central de autobuses y algunas calles principales.

Los productos de la Guadalupana son variados, comenzando por las glorias, que son las más vendidas y tradicionales. Asimismo tienen las perlitas, variedad de la anterior, más pequeña y bañada en nuez picada, también conocidas en ciertos lugares como besos indios. El rollo, otra variedad de la anterior, se prepara en molde y se cubre con nuez molida. Los encanelados llevan un corazón de nuez y canela, mientras que las revolcadas vienen bañadas con nueces molidas. La natilla, muy popular y más económica, no lleva nuez. El piloncillo de leche tiene la misma forma cónica de los piloncillos de azúcar pero además está cubierto con trozos de nueces. Y, por último, no podrían faltar las marquetas con sus diferentes diseños, aunque las de forma de corazón son las más solicitadas.

Todos estos productos forman parte de una tradición dulcera artesanal y del sabor de México.

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