El consumo per cápita del vino en México es de 750 mililitros


Por José García Frías 9 Abril, 2018

Se han estudiado las propiedades de cada vino para crear las copas

Actualmente, la producción y consumo de vino en México se encuentra a la alza. De acuerdo con el Consejo Mexicano Vitivinícola, en 2016 el consumo de vino creció un 10% al alcanzar 89.5 millones de litros, de los cuales 30% fueron producidos en territorio nacional en estados como Baja California, Coahuila, Querétaro, Chihuahua, Guanajuato, Aguascalientes, Zacatecas, San Luis Potosí, Puebla, Sonora y Nuevo León.

Por su parte, los expertos de la empresa Tradex Exposiciones, aseguran que el consumo per cápita de vino en México es de 750 mililitros, cuando la industria vitivinícola mexicana cuenta con 32 mil hectáreas de viñedos, entre las que siete mil corresponden al cultivo de uvas para la producción de vino, que equivalen a los 10 millones de cajas que se producen en el país.

A grandes rasgos el vino puede ser blanco, espumoso o tinto, siendo éste último el preferido por los mexicanos, y otras clasificaciones incluyen la edad del vino, el azúcar residual, el porcentaje de alcohol, el origen, la uva de la cual se deriva y la cantidad de tipos de uva con los que está elaborado, por mencionar algunos.

Existe una amplia variedad de copas para beber vino. Hace ya algunos años, la casa austriaca Riedel, fue pionera en estudiar las propiedades de cada vino para crear la copa que mantenga intactas sus cualidades, por ello Riedel cuenta con una gama de copas según el vino, las cepas y las regiones donde éste se produzca.

“No importa qué tipo de vino consumas, siempre debes hacerlo en una copa, que por sus características tiene un globo y un tallo, y se recomienda sujetarla del tallo para no calentar el vino. Adicionalmente el globo de la copa tiene boca cerrada y vidrio o cristal delgado que ayuda a mejorar la experiencia en nariz y gusto; otros recipientes no tienen estas condiciones”, explicó el Sommelier Ángel Rivas.

Además de esto, la copa debe ser, preferentemente, de cristal, dado que “a diferencia del vidrio, es más rugoso a nivel microscópico y esto ayuda romper las moléculas del vino al rotarlo contra la copa. De esa forma se liberan mejor aromas”, destacó el experto.

Usualmente se utilizan copas altas para degustar vinos blancos y anchas para los tintos, alargadas para los espumosos y copas pequeñas para los vinos dulces. Por su parte, los catadores de vino utilizan una copa Afnor o la Oenologue, copas de cristal que permiten ver el vino mientras se sostiene la copa por el tallo, tienen forma de balón y facilitan la fase olfativa.

Los expertos recomiendan tener en casa las cuatro copas básicas: para vino tinto, blanco, espumoso y dulce. Prácticamente podemos utilizar cualquier copa para todos los tipos de vino, mientras que ésta sea lo suficientemente grande para poder agitar el vino, permitiendo que sus aromas se liberen.

Tomar vino puede convertirse en una experiencia única, siempre y cuando se beba correctamente, considerando el cuerpo, los aromas, el buque, la temperatura, la copa y, por supuesto, el sabor.

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