Parque Valle de la Luna

Parajes de indómita belleza


Por Laura Lazarino
Valle de la Luna

Parque Valle de la Luna

Declarado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en el año 2000, este parque constituye uno de los yacimientos geológicos-paleontológicos más importantes del mundo.

Al norte de la provincia argentina de San Juan,  casi aislado del paso de los años, se encuentra el parque provincial Ischugualasto.  Conocido popularmente como Valle de la Luna, los 150 km2 que abarca en su extensión conforman un museo al aire libre, esperando a ser interpretado. Y es que, si a simple vista sus formaciones rocosas y colores impreionan. Mucho más impactante es descubrir la realidad: esta tierra fue hogar de dinosaurios.

Riqueza paleontológica

Los rayos del sol van tiñendo la tierra de colores ocres durante el día. A ratos, sopla un viento seco que levanta finas capas de polvo a lo largo del camino. Hasta donde alcanza la vista, no se observan señales de vida. El paisaje desértico se extiende y se pierde entre exóticas formas desperdigadas. Cuesta mucho creer que, hace doscientos veinticinco millones de años, estas tierras eran un fértil valle regocijante de vida donde habitaban animales prehistóricos. Hoy, los visitantes van llegando de a poco en sus vehículos, para sumarse a la caravana que, conducida por un guía local, realiza el recorrido de casi 3 horas en este viaje en el tiempo.

Valle Pintado

Valle Pintado

Evolución milenaria

La primera visita que se realiza, mientras se espera que se complete el número de vehículos, es al Museo de Ciencias Naturales que se encuentra en la entrada del parque. Aunque se trata de un predio pequeño, es una buena introducción para poder comprender la magnificencia histórica del paisaje que se está por observar. Con maquetas ilustrativas se explica, por ejemplo, los procesos evolutivos de la Tierra que transformaron por completo esta zona. Sesenta millones de años atrás, las masas rocosas de las Cordilleras de los Andes apretaron a la zona de Ischigualasto contra las Sierras Pampeanas. Al dejarlas al descubierto, ríos y vegetación se extinguieron y  los agentes erosivos dieron forma al paisaje que conocemos hoy en día. No obstante, la mayor atracción radica en las dos piezas más importantes encontradas allí: el Eoraptor Lunensis, y el cráneo y la garra del Herrerasaurus Ischigualatensis, ambos considerados hasta el momento los dinosaurios más antiguos del mundo. Los más aficionados encontrarán también otros restos fósiles, a partir de los cuales los guías explicarán algunos aspectos esenciales sobre la vida de estos animales en Ischigualasto.

Rocas y cenizas

Una vez completado el número de vehículos, la caravana  inicia su recorrido. La primera parada tiene lugar en “El Gusano”, una enorme formación rocosa llamada así por su apariencia. Aunque tal vez no sea tan sencillo encontrar la semejanza entre la piedra y el insecto, la roca más antigua del parque sabe cómo captar la atención de todos: sus coloridos estratos nos hablan de cataclismos, furias volcánicas, vegetación tropical y hasta mantos de cenizas. Esta es la única zona en el país donde quedan expuesto ordenadamente, como en un manual, todos los eventos del Triásico. Puede que a simple vista, los ojos inexpertos no logren dilucidar estas diferencias, pero el guía del lugar sabe cómo hacer un rico resumen para que, de repente, las piedras tomen forma de pasado y comiencen a contarnos su historia. Así es como, frente a este magnífico gigante, podamos imaginar que el suelo donde hoy nos encontramos de pie estuvo bajo agua hace cientos de millones de años y descubramos, claramente impreso en la roca, la hoja de un helecho que se ha fosilizado.
El recorrido continúa entre valles desérticos y paisajes de ciencia ficción.

Formación rocosa "El Submarino".

Formación rocosa "El Submarino"

Viento que canta

La segunda estación se denomina “Valle pintado”. Como su poético nombre indica, se trata de un paisaje desoladamente maravilloso, moldeado a partir de los rastros, hendiduras y surcos dejados en la tierra, por ríos que hoy ya no existen. La inmensidad sólo se ve interrumpida por el canto del viento, el mismo que a lo largo de los milenios ha sido cómplice de la configuración de este paisaje casi lunar, cubriendo leves lomadas que alternan capas de colores ocres y violáceos. Este museo a cielo abierto, cuenta con el mayor número de hallazgos de restos fósiles de la zona. Curiosamente, antes de conocerse su importancia paleontológica, los arrieros que pasaban por la zona interpretaron las osamentas como los huesos de vacas que se habían empantanado.

Naturaleza estoica

La siguiente atracción es la famosa “Cancha de bochas”, un terreno perfectamente plano sobre el que se observan, de forma desperdigada, decenas de esferas pulidas a la perfección. Estas pesadísimas "rocas" están formadas de los mismos componentes que contiene el suelo. Aunque no hay una explicación irrefutable de cómo surgieron, parece ser que diferentes partículas se agruparon por atracción molecular, generando estas bochas. La irresponsabilidad de algunos visitantes, que se paraban sobre ellas, o se las llevaban como suvenir, ha ocasionado la prohibición total del ingreso al predio donde se encuentran. No obstante, es posible apreciarlas de cerca.

Cancha de Bochas.

Cancha de Bochas

Las dos últimas estaciones son, quizá, las más fotografiadas de todo el parque. “El submarino” y “El Hongo” atrapan por lo rebuscado de sus formas, esculpidas por los antojos del viento, que no cesa su trabajo. Se estima que las dos columnas que sobresalen con estoicismo serán derribadas en diez años, por el accionar de la naturaleza.

El atardecer estaba llegando a su punto más alto, y los rayos del sol se quebraban intensamente contra las rocas. Detrás, las rojizas paredes de Talampaya, en la vecina provincia de La Rioja, oficiaban de telón de fondo para este magnífico escenario. Mientras emprendíamos el camino de vuelta, vino a mi mente la siguiente reflexión: ¿Por qué será que cuando algo nos impresiona en la Tierra, nos referimos a Marte o a la Luna? ¿Será que tenemos una incapacidad, inconsciente, de hacernos cargo de la belleza de nuestro planeta? El Valle de la Luna no se encuentra en otra galaxia. Está en San Juan, Argentina, al alcance de los humanos. No visitarlo, es una pena de otro mundo.

Cómo llegar: Desde Buenos Aires, hay vuelos diarios a la ciudad de San Juan, con una duración de 90 minutos. Una vez allí, es necesario contratar una excursión o alquilar un auto para moverse con mayor independencia. No hay transporte público hasta el parque y el recorrido se hace obligadamente en vehículo. Desde la ciudad capital se puede contratar todo.

Dónde  hospedarse: Si bien algunos prefieren hacer base en San Juan capital, ya que cuenta con mayor infraestructura,  lo más recomendado es alojarse en la vecina ciudad de Valle Fértil, Aquí, una recomendación para cada caso:

Del Bono Park Hotel Spa & Casino.  Este hotel 5 estrellas posee todas las facilidades que se pueden esperar de un alojamiento de su categoría. Además de amplias y luminosas habitaciones, el restaurant se distingue por un completo y elaborado menú. www.delbonohotels.com

Cerro del Valle Hotel Rústico. Atendido por sus propios dueños,  este alojamiento familiar se caracteriza por el buen servicio y atención. El desayuno casero merece reconocimiento aparte. Cuenta con sólo seis dormitorios, por lo que conviene reservar con anticipación. www.cerrodelvalle.com.ar

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