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Mercado Central de Florencia

Visita memorable

 


 

Los más exquisitos productos Italianos: quesos, fiambres, aceites, vinos, vegetales, frutas, hierbas aromáticas, panes, pasta, conservas, además de una larga lista de invenciones, se expende en el tradicional sitio.

 

Texto y fotos América Honold P.

Con la visita a Florencia, Italia, inició mi fascinante aventura por el Viejo Mundo. Tierra que para mis ojos inexpertos se desplegaba completamente ante mí, esperando ser admirada y halagada. Poseedora de una gran vanidad que pocos lugares de este mundo saben manejar con tanto profesionalismo. Su primera estrategia de conquista fue mostrarme a su gente, tan amable y bella como su propio territorio.

 

Todo cuanto mis ojos observaron cuenta con siglos de historias por presumir. Un panorama repleto de belleza inigualable, el arte se asoma por doquier. La palabra grandeza es el calificativo perfecto para lo que mis sentidos percibieron. Cultura, sensibilidad, música, color, delicadeza, moda, obras imponentes, son algunos de los aspectos que me robaron el habla en un principio.

 

San Gimignano, La Toscana

San Gimignano, La Toscana

Un mercado, un estilo

Siendo yo sibarita de corazón, elegí como destino principal al famoso Mercato Centrale di Firenze, sitio ubicado en el Centro Histórico de la ciudad de Florencia y dedicado a la venta de productos alimenticios.

 

Según la interesante reseña que mi compañera de viaje me sugería -la guía turística-, este famoso mercado merece siempre una visita. Dicha recomendación habla de productos toscanos, es decir, originarios de la zona de La Toscana, región en donde se ubica la fascinante cittá di Firenze.

 

El género de productos que esperaba encontrar en dicho mercado correspondía a algunos de los más exquisitos y envidiables de la gastronomía italiana: quesos, fiambres, aceites, vinos, vegetales, frutas, hierbas aromáticas, panes, pasta, conservas, además de una larga lista de invenciones de la región.

 

Pero lo que mi imaginación pudo recrear con la mencionada propuesta, estaba lejos de parecerse a lo que todos y cada uno de mis sentidos fueron capaces de captar.

 

Pomodoro

Pomodoro

Para empezar, la grandeza de su edificio, admirable construcción de 1870 con estructura de acero con dos plantas y vastos ventanales, el cual sobrepasó indudablemente a cualquier establecimiento que pudiera yo haber imaginado.

 

Setas

Setas

Agasajo con porchetta

Una vez dentro, la verdadera aventura comenzó. Una gran cantidad de gente, todos empeñados en realizar la mejor compra y a su vez la mejor venta. Mis oídos se llevaron tremenda sorpresa al escuchar gran diversidad de idiomas, expresados con una misma misión, obtener una de las tantas delicias exhibidas. Mi nariz reaccionó ante tremenda seducción protagonizada por deliciosos aromas. En ese mismo momento, por órdenes de mi aturdida nariz, giré la cabeza. ¿Y con qué me fui a encontrar? Con un largo pasillo de puestos de comida preparada que nos invitaban, a mis sentidos y a mí, a conocerlos.

 

Las pastas, los panini, estofados y ensaladas, por mencionar algunos, lanzaban sus mejores perfumes con tal de hacerme caer. La decisión me tomó un rato, sin embargo, al final opté por un panino di porchetta.

 

Pastas

Vista de La Toscana

Vista de La Toscana

Al principio no tenía idea alguna de lo que estaba por comer; pero con un poco de ingenio, señales y palabras entrecortadas, logré darme a entender ¿qué es esto?  Amablemente me explicaron que la porchetta consiste en un platillo típico del centro de Italia, el cual consta de un puerco completo, deshuesado, marinado con sal, pimienta y hierbas aromáticas, para después ser rostizado. Se come rebanado como segundo tiempo o como relleno de algún panino. El platillo es un alimento muy apreciado entre los lugareños.

 

Pan de pescador

Pan de pescador

Secretos por revelar

Una vez saciado mi primer capricho, continué con el recorrido. Pasillos completos desbordando gran variedad de productos: setas de todos tamaños, formas, aromas y sabores vendidos a granel, montones de pasta seca acomodados en grandes cestos con diseños, longitudes y colores distintos; coloridos tomates deshidratados al sol, de diferentes lugares de la misma Toscana; aceitunas grandes, pequeñas, con hueso, sin hueso, negras, verdes; voluminosos botellones llenos de pequeñas alcaparras en conserva para su venta a granel; cientos de marcas de aceite de olivo virgen y extra-virgen; aceite delicadamente perfumado al tartufo; delicioso vinagre balsámico; el peculiar arroz Arborio. Y así, sumando uno a uno productos varios, jamás podría terminar con el listado.

 

Sin embargo, para mi sorpresa el mercado aún contaba con secretos por revelar. La curiosidad me llevó a explorar el segundo piso, en donde los productos encontrados fueron muy diferentes a los del primero. Aquí se encuentran frutas y verduras de la más alta calidad. Tomates de tono rojo intenso, con gran variedad de especies; duraznos chicos, medianos y grandes, para todos los gustos; chiles secos acompañados de ajos; suculentas cerezas de la región al lado de brillantes cítricos, calabazas con formas peculiares. Una lluvia de colores, una ráfaga de aromas, un encuentro de texturas. Todos conviviendo en armonía, contrastando unos con otros.

 

Frutos de calidad

Frutos de calidad

Vinos, panecillos y quesos…

Pasando de un puesto a otro, probando de todo, fui sintiendo como mi estómago crecía y crecía haciendo lo posible por dar la bienvenida a todos los maravillosos productos que con felicidad ingería. quitar por mi boca  Pero el gusto me duró poco. Seguí recorriendo el recinto y me encontré con que aún hacía falta probar los vinos tintos, los blancos, el vino santo y los licores. Los postres, las galletas, los panquecillos y las frutas deshidratadas. Las nueces, las mieles, jaleas, mermeladas y conservas. Los patés, las carnes frías, los quesos frescos y los curados, los añejos y los ahumados.

 

Una sensación de inquietud me comenzó a invadir, como iba a ser posible que me fuera de ese maravilloso lugar sin antes haber probado la gran oferta de exquisiteces. Simplemente imposible. Viendo a mi alrededor y sacando cuentas llegué a la conclusión que al menos un par de horas más me serían suficientes para completar satisfactoriamente mi recorrido. Me dirigí a la puerta, busqué un pequeño rincón y cómodamente me dispuse a esperar. Sí, a esperar a que ese delicado estómago mío estuviera dispuesto a terminar con tan importante misión que mi sabia amiga y compañera de viaje me había recomendado.

 

"Para tener una visita inolvidable de Florencia, hay que ir al Mercado Central y probar todos y cada uno de los productos exhibidos".

 

 

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