Érase una vez en Copenhague

Recordando a Hans Christian Andersen


Por Armando Cerra / Fotos Mónica Grimal
Entrada a los jardines de Tivoli

Entrada a los jardines de Tivoli

Si algo tiene Copenhague  es que destila elegancia por todo su Centro Histórico. Ahí se hallan palacios como el Christianborg o el de Rosenborg, fastuosa construcción que fue residencia real en el pasado, y ahora es otro reclamo turístico más de la capital.

Visitar Copenhague en diciembre, es fantástico. Permite  respirar el ambiente navideño típico del norte de Europa, al cual hay que sumarle, invariablemente, el espíritu de Hans Christian Andersen, el cuentista danés más famoso del mundo.

Andersen legó a los niños de todo el planeta entrañables historias con personajes como Pulgarcito, el Patito Feo o el Soldadito de Plomo. Relatos aparentemente simples, pero con un gran trasfondo humano. A uno de sus personajes evoca la escultura más célebre de la capital danesa: la Sirenita, un bronce a orillas del mar al que los turistas buscan  cualquier día del año para fotografiarla.

Escultura de Hanz Christian Andersen

Escultura de Hanz Christian Andersen

Palacios y jardines

Si algo tiene Copenhague es que destila elegancia por todo su Centro Histórico. Ahí se hallan palacios como el Christianborg o el de Rosenborg, una fastuosa construcción que fue residencia de los reyes daneses en el pasado, y ahora es otro reclamo turístico más de la capital.

Junto al palacio de Rosenborg se extienden el Jardín Botánico y los Jardines Reales. Parece inédito, pero sí, enmedio de la gran urbe se encuentran estas amplias zonas verdes. Aunque no son las únicas, ya que hay otras muchas. Entre ellas, el Kastellet, un fortaleza militar rodeada por murallas y un foso en forma de estrella, y en cuya extensión se incluye la Iglesia de San Albano, para fieles del credo anglicano, evocando con claro estilo neogótico inglés sus creencias.

El pulso de la ciudad

Estos espacios abiertos  son remansos naturales de calma,  aislados de la agitación típica de una gran ciudad del siglo XXI. Para comprobar la efervescencia de Copenhague hay que ir a su epicentro, la Radhuspladsen, una gran plaza dominada por el rotundo volumen del Ayuntamiento, todo él construido en ladrillo rojo con ornatos dorados y en el color verde del cobre que marca el paso del tiempo.

La Gliptoteca

La Gliptoteca

El edificio posee la torre más alta del país, que se eleva más de 100 metros sobre el pavimento. En ella la hora la marca un precioso reloj astronómico, cuyo maestro relojero dedicó gran parte de su vida a construirlo y falleció sin verlo concluido. Además desde la cúspide de la torre se goza con la espléndida panorámica de la ciudad, y sobre todo de los cercanos Jardines de Tívoli.

Arte de todos los tiempos

Ahí está desde el año 1843 el parque de atracciones más antiguo del mundo. Se construyó en tiempos de Hans Christian Andersen, y por eso no es extraño que ante su fachada haya una escultura del escritor, que los contempla orgulloso y contento de que se creara ese espacio para el disfrute de la infancia, y por donde han pasado desde entonces todas las generaciones de niños daneses.

Fuente de las Cigüeñas Amagertorv

Fuente de las Cigüeñas Amagertorv

Mucho más solemne es el edificio situado junto a los Jardines de Tívoli. Se trata de la Gliptoteca, el gran museo de Copenhague, donde se expone arte egipcio, griego o romano, junto al arte danés del siglo XIX y obras maestras de la pintura impresionista. Todo ello es fruto de la donación al Estado que hizo el cervecero Carl Jacobsen a fines del siglo XIX. Esta donación y la creación de la famosa cerveza Carlsberg fueron dos de sus grandes contribuciones al país.

Puerto nuevo

De hecho, muchísimos turistas visitan el legado de Jacobsen, o bien la Gliptoteca o bien la fábrica de cerveza, transformada en un importante atractivo turístico. Aunque existe otro lugar por el que pasan todos los visitantes de Copenhague, ese es el Nyhavn, el puerto nuevo. Se trata de un canal que se construyó en el siglo XVII para que lo buques llegaran casi hasta el centro de la ciudad, en concreto hasta la cercana Plaza Real.

En el canal atracan veleros y en sus orillas se construyeron casas de coloridas fachadas. Antaño, en la zona se observaba el típico ambiente portuario de garitas para marineros, pero hoy es un lugar ideal para pasear, hacer constantemente fotografías y degustar la gastronomía danesa o internacional en sus muchos restaurantes.

Canal Nihavn

Canal Nihavn

Posiblemente sea uno de los lugares con más encanto de la ciudad, más aún sabiendo que precisamente aquí, a orillas del Nyhavn, vivió durante diferentes fases de su vida Hans Cristian Andersen, y desde su ventana contemplaba el canal a la vez que escribía sus famosos cuentos.

Acerca de Hans Christian Andersen

Nació terriblemente pobre en la ciudad danesa de Odense. Con 14 años y ya huérfano se fue solo a Copenhague, donde acabaría siendo una celebridad, un reconocido dramaturgo, poeta, novelista, y sobre todo el autor de 156 historias, algunas ambientadas en la Navidad de su país.

Uno de esos cuentos es La niña de los fósforos, que relata como una chica agobiada por el frío vaga por la ciudad encendiendo sus cerillos para calentarse, mientras imagina una vida mejor, hasta que finalmente muere congelada pero con la sonrisa que le han proporcionado sus sueños.

En la actualidad podemos imaginarnos a esta niña caminando por Copenhague, acercándose a la iglesia de San Nicolás mientras observa el interior de los numerosos restaurantes, o yendo por las calles peatonales del barrio de Stroget, hasta llegar a la plaza de Amagertorv,  para sentarse junto a la Fuente de la Cigüeñas y contemplar las delicias que sirven dos de los cafés más elegantes de la ciudad: el Norden y el Europa.

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