Trinchera Turística

Recuerdos del turistero


Por Fernando Betanzos y M. 30 Agosto, 2017
Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidar es difícil para el que tiene corazón. Gabriel García Márquez
Fernando Betanzos

Fernando Betanzos y M.

Sí, me daba mucha risa el nombre de la agencia del que luego fue un querido amigo, Don Román Pérez. El nombre era “Pérez, Pérez y Pérez, S. A.” La repetición del apellido se volvía cacofónica y don Román se molestaba si alguien se atrevía a proponerle el apócope “PPP”. Y es que el origen del nombre había sido el de los tres hermanos que suscribieron el acta constitutiva de aquella sociedad no tan anónima: Román, Tony e Ildefonso. Como ya hemos visto, Román, don Román, estaba al frente de esta exitosa agencia, éxito que daba a conocer llegando a sus citas de negocios en un precioso Cadillac Limousine, conducido por chofer uniformado.

Tony, su hermano, fue un reconocido hotelero que dirigió el Hotel Reforma, ubicado sobre el Paseo del mismo nombre y la Calle de París allá por los 40s.  Hay quien dice que también fue Gerente del Hotel Del Prado y si lo fue, ello sucedió antes de 1951, año en el que les escribe entró a trabajar en ese ícono hotelero de México y Tony ya no estaba allí.  Lo cierto es que abrió su propio negocio bajo el nombre de Agencia de Viajes y Turismo Antonio Pérez, S. A., exitosa empresa que manejó hasta su muerte cuando me tocó llevarlo al crematorio del Panteón Dolores – allá por el entonces “nuevo” Hospital A. B. C.

Y, ¿el último Pérez, qué? Pues obviamente era el que correspondía a un tercer hermano, llamado Ildefonso y que ayudaba a Román conduciendo los clientes de la agencia en calidad de guía autorizado que era de la Dirección de Turismo de la entonces Dirección General de Población de la Secretaría de Gobernación.

Román era extremadamente sobrio, casi hosco. No sabía ni siquiera sonreir. Todo lo contrario de Tony quien siempre ofrecía una sonrisa, cuando no una carcajada, al saludar a sus amigos – que eran miles y yo me honré en ser uno de ellos. Cuando en sus últimos años tenía reunión de un club al que yo también pertenecía, lo recogía en su casa de Lomas de Sotelo y Gloria, su guapa y cariñosa tercera esposa, “me lo encargaba”. Antes de la media noche, yo se lo devolvía a Gloria quien me lo agradecía con un gesto de aprecio desde el umbral de su puerta.

De Ildefonso poco puedo decir, pues no lo traté. Lo recuerdo caminando por las aceras de Azueta e Independencia y nada mas. Si algún Zapador puede agregar algo sobre Ildefonso Pérez, lo agradeceré mucho.

Dentro de la hosquedad de Román había un espíritu bueno y noble, como generalmente los hay dentro de los cuerpos “grandotes”. Periódicamente invitaba a un grupo de amigos a disfrutar en las instalaciones de sus oficinas, de las cazuelas que cocinaba su hermana – siempre rociadas con el imprescindible Bacardí para los cuates y el Etiqueta Negra para él. Entre los “infallables” aparecía el Bebo Bolívar, el Verde Díaz Urízar, Humberto Borges, Enrique Monroy, Nachito Pérez, quienes formaban –junto con algunos otros que en el tintero quedan--, la original cofradía “Del Viejo”. No pongo el consabido (q.e.p.d.) porque no habría espacio suficiente para más pues desgraciadamente, muchos de los nombrados ya se nos han adelantado. Los participantes, se invitaban solos. Algunos no volvían. Otros se volvían consuetudinarios como fue el caso de Julio Laguna, Octavio Hernández y el que les escribe. Fue un Club de Tobby hasta la época en que las cantinas de la Ciudad de México abrieron sus puertas a las damas que Patricia Rodríguez y Lolita Betanzos rompieron el tabú del Club del Viejo y se unieron igual de imprescindibles a las periódicas reuniones que se iniciaron, creo, por el 1958 y terminaron a fines del milenio.

Regresemos en el tiempo a los finales de la II Guerra Mundial, que terminó cuando los Aliados derrotaron a las fuerzas del Eje, Alemania y Japón. Italia no sólo había sido vencida con anterioridad, sino que luego de vencida, se unió a los Aliados – por lo que se considera triunfadora de esa guerra infernal. Nosotros, los mexicanos pues, también le declaramos la guerra al Eje cuando los submarinos alemanes hundieron mas de tres barcos mercantes y petroleros de bandera mexicana que navegaban pacíficamente en el Golfo de México rumbo a puertos Estadounidenses.

Este final de la Segunda Guerra Mundial produjo miles, si no es que millones de Norteamericanos con mucho tiempo libre y buen dinero en sus bolsillos sin que supieran que hacer ni con el tiempo ni con su dinero. Para entonces, México tenía, por su lado, múltiples empresas norteamericanas – sin necesidad de “NAFTA” --, establecidas en territorio nacional tales como Goodrich-Euzkady, General-Popo, Coca Cola, Plough, otros varios laboratorios y más, a las que se les ocurrió formar --a instancias del Lic. Miguel Alemán, entonces Presidente de la República --  juntamente con empresas mexicanas como Altos Hornos de México , Mexicana de Aviación, Asbestos de México, Cemex, etc., la primera organización promotora del turismo de México, sin fines de lucro en aquél entonces, que tuvo por nombre Asociación Mexicana de Turismo – AMT, cuyo propósito era el de inducir a los norteamericanos con tiempo y dinero, a visitar México. Don Ricardo Estrada Berg, un sonorense rapado, de 2m de alto fue su Presidente (vitalicio, no sé si así electo o porque sus promociones dieron buenos resultados  y porque siempre entregó buenas cuentas). Recuerdo que la AMT imprimió y distribuyó por todos los Estados Unidos, carteles con bellas fotos de paisajes mexicanos y cuadros originales de pintores mexicanos como Diego Rivera y Jesús Helguera entre otros.   Es justo poner Helguera junto a Rivera en esto de los calendarios o almanaques, pues es muy posible que la producción de calendarios ilustrados haya sido mayor con originales de  Jesús Helguera que de Diego… y, de seguro, más litografías de Helguera que de Rivera adornan talleres, misceláneas, y retretes…, hasta el día de hoy!

Y.. ¡los americanos empezaron a venir! Por supuesto que, además de esos guías convertidos en empresarios sobre los que leyeron en la anterior Trinchera, existieron empresarios “puros”, algunos dedicados a operar turismo receptivo, otros a operar turismo emisor y algunos, los menos, a operar conjuntamente receptivo y emisor. Estas empresas caían todas, bajo el título de “Agencias de Viajes”, sin diferenciar si operaban como minoristas o mayoristas – craso error que seguimos viviendo hoy en día. Agrego, por considerarlo de justicia, que don Ricardo Estrada Berg tuvo a bien nombrarme Secretario de la AMT. Lamentablemente, los tiempos ya habían cambiado y el roll de promotor oficial del Turismo de México en los mercados internacionales recaía ya en el CMPT, cuyo presidente era el Lic. Miguel Alemán – cargo que le dio el Presidente Adolfo López Mateos, quien no quería tener expresidentes sin hacer nada. 

Jimmy Dubin viajaba a menudo en tren a San Antonio TX. En uno de esos viajes, al regreso, se encontró con un correligionario, políglota, nacido en Suiza (dijo)  que venía a México “a ver qué”. Se llamaba Fred Gadsky y a la llegada a México, Fred ya tenía chamba en MTA, como todos conocíamos la agencia de Jimmy, ubicada entonces en las calles de Madero, cerca de Motolinía.

No tardó Fred en aprender los trucos del negocio. Se separa de MTA y abre su propia empresa, International Holiday Tours por el rumbo del Paseo de la Reforma.

Como Jimmy, en verdad, no discriminaba, reemplazó rápidamente a Fred con un alemán grandote, que en lo único que se parecía a Mr. Gadsky era en la habilidad políglota de ambos. Se llamaba Enrique Burmeister y le sirvió fielmente por varios años – al cabo de los cuales también emprendió la graciosa huida para establecerse como ABC Travel Service. Jimmy cesó entonces de hacer experimentos con personal “nuevo” y decidió ir ascendiendo lentamente a uno de sus “office-boys” al que le veía mayor capacidad de crecimiento y madurez: Miguel Robledo, que efectivamente creció y maduró pasándose de la raya, pues luego de fallecimiento de Jimmy no tardó en acabar con la empresa.

Hubo muchos otros operadores de turismo receptivo de los que podremos conversar en próxima Trinchera. Por ejemplo, Edmundo Garza, Carlos Ibargüen, Miguel G. Tenorio, Pedro R. Buchán… y la lista es larga. En Acapulco apareció Juanita Villareal con Turismo Caleta y ya desde siempre, allá en Mérida, Don Fernando Barbachano para quien la Península de Yucatán y toda su riqueza turística era simplemente su traspatio.      

ZAPA.- Leí declaraciones de uno de los posibles pre-candidatos del PRI a la Presidencia de la República en su carácter de Secretario de Turismo. Nos dice que el crecimiento, para el período que reporta, ha sido del 50% y que se espera continúe así. Yo espero, honestamente, que todo esto sea cierto, pues ello significará más riqueza para los que nos dedicamos al turismo receptivo en México. Nada más agrego que, si las cosas son tal cual las presenta el Lic. De la Madrid, debemos de empezar a agradecer a previos Secretarios pero sobre todo a previos Directores del Consejo de Promoción Turística de México por el fantástico crecimiento con que nos han beneficiado, ya que estos crecimientos no son resultado del trabajo de 2 ni de 3 años.  Crecimiento como el que nos dice el Lic. De la Madrid que México goza, se logra – en el medio turístico --, luego de muchos años de esfuerzos y dedicación.

 fernando@betanzos.mx

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