Trinchera Turística

De taxis a Uber


Por Fernando Betanzos y M. – LT – CMS 3 Agosto, 2017
No hay errores, solo actos extraños.- Marguerite Duras
Fernando Betanzos

Fernando Betanzos y M.

En lo personal, odio a los taxistas, aunque como en todo, hubo y hay sus excepciones.

De la excepción que me acuerdo en este momento es la del taxista que ostentaba la placa de taxi número 1 – es correcto, placa No. 1 – del Distrito Federal, allá en el 1951. - El auto era un Buick del año, azul metálico, cuyo propietario conductor era don Fernando Serranía, guia de turistas cuyo taxi tenia “sitio” en el Hotel del Prado de entonces. 

Recuerdo a mi viejo Tocayo como un hombre educado, bien vestido, hablando un inglés muy aceptable y cuyo taxi estaba siempre lavado por fuera y pulcrísimo por dentro. Un día le pregunté ¿qué es un “city tour”?  Me contestó amablemente diciendo que en la primera oportunidad me lo explicaría. No pasaron ni 3 días cuando don Fernando me dijo “Mañana nos vamos de city tour. Nos vemos aquí (entrada lateral del Hotel del Prado sobre la calle de Revillagigedo) a las 09:00hs.” --  Así fue.  Llegué a las 8:30hs. El ya estaba allí, auto lavado, traje planchado, y bien rasurado. El matrimonio de turistas que había contratado el servicio se apareció unos minutos antes de la hora convenida y salimos en el famoso “city tour”, recorrido de 4 horas por la Ciudad de México que curiosamente comenzó en un viejo garaje de la calle de Carretones en el Centro Histórico para ver una “fábrica de vidrio soplado” en donde un artesano no tardó ni 2 minutos en soplar el tubo de vidrio del cual colgaba una bola gelatinosa que un abrir y cerrar de ojos se convirtió en flor de vidrio soplado. Muy lejos de las fábricas de vidrio que luego conocí en Murano y Suecia, en particular, pero una muestra de la capacidad creativa de nuestros artesanos, todos ellos “self-made” en su especialidad…

El paseo continuó por 20 de Noviembre al Zócalo: visitas “guiadas” a la Catedral y Murales de Palacio Nacional, siguiendo por 5 de mayo a Bellas Artes, Alameda y por el Paseo de la Reforma a Chapultepec y el Castillo, terminando con un corto recorrido por las Lomas. Regresamos al hotel, los turistas le dieron a mi maestro una buena propina (creo) y Fernando me dijo: “Eso es un City Tour” -- de la Ciudad de México, obviamente. “Mil gracias!!”, le dije.  Eran los años del $8.65 por dólar… y mi amigo Fernando Serranía era un guía-taxista de respeto.

Hoy en día los taxistas, a lo largo y ancho del territorio nacional,  son personas que nunca supieron hacer otra cosa que no fuera manejar.  Son, por supuesto, diferentes de Fernando Serranía y de la gran mayoría de “choferes-guias” que trabajan en los sitios de los hoteles de turismo.  Lo único malo que yo les encuentro es que no tienen tarifas autorizadas, motivo por el cual usan las des-autorizadas, cobrando lo que pueden. 

Muchos de estos vehículos ostentan placas del Servicio Federal de Turismo.  Sin embargo, son utilizados para prestar también el servicio de taxis – lo que causa confusión entre algunas personas aunque no entre el turista, pues este desconoce de estas nimiedades.

Las autoridades, al principio renuentes a emitir las placas de turismo las han finalmente expedido al por mayor, tanto a empresas supuestamente operadoras de turismo, como a las mismas líneas de autobuses que las utilizan mayormente para agregar corridas a sus rutas con más demanda, y a los guías de turistas que las utilizan en sitios de hoteles o las arriendan, con o sin vehículo a sus queridos compadres.    Este servicio se presta, generalmente en buenos y casi nuevos vehículos bastante limpios y la presentación del chofer va de más a menos cuando lo maneja el guia propietario o lo conduce el compadre.

Un breve párrafo para hablar de los taxis que rápidos y veloces circulan por calles y avenidas con el letrero de “libre” visible – aunque traiga pasaje.  Estos Taxis son de modelos atrasados, en algunos casos ya inexistentes.  (En Acapulco siguen circulando “vochos” del 1970 – y para atrás!)   -- Los choferes de estos taxis, en cualquier ciudad de México dejan mucho que desear en su limpieza y en la forma como conducen sus vehículos, causando accidentes cotidianos con graves resultados.  Estos taxis trabajan con placas de alquiler emitidas por los gobiernos de los Estados.  Por “el Señor Gobernador”, para ser más claros, y que en muchos casos es propietario por sí o vía interpósita persona, de cientos de vehículos y “placas”.

Además, a últimas fechas han aparecido unos nuevos vehículos que son la panacea para muchos, al grado que hay personas que dejan su auto en casa y los usan para todas sus necesidades de transporte en diversas ciudades de la República.  Me refiero obviamente a UBER, el servicio mundial de taxis prepagados, cuyos vehículos y conductores exageran en pulcritud y atención – respectivamente.  En muchos casos, los taxistas se han opuesto a estos servicios pero algunos gobernantes lo han visto como un servicio que pone a sus ciudades en el mundo del Siglo XXI y los han autorizado  – para fortuna de los usuarios que tienen con qué pagarlo.

Así que, para la atención y transporte del turista, tenemos Taxis con placas de Servicio Público Federal que debería de tener al volante a un guía bilingüe autorizado. También tenemos Taxis de sitio en hoteles de turismo, con placas de alquiler del Estado de la Federación que las emite y en donde se ubican los hoteles en cuestión.  Los choferes no necesitan ser guias de turistas, pero les conviene hablar inglés y muchos son bilingües.  Tenemos los taxis que circulan con letrerito de “libre”  que si ven al cliente con tipo de extranjero luego luego le hacen la parada, pero que si usted o yo la solicitamos, el chofer nos dice de mal talante “no estoy en servicio”  o, “no voy por ese rumbo”.  Finalmente está UBER.  Así, sin mas.

Cualquiera podría decir que México es una maravilla, pues hay muchos y muy variados servicios de taxi a disposición del turista.  Pero, siempre el “pero”, cuando baja el turismo – o cuando se le ocurre al líder de los taxistas,  bloquean salidas de aeropuertos y hoteles para impedir el tránsito del turismo masivo que se opera en autobuses de lujo con placas Federales de Turismo tal y como merece el turista que lamentablemente  se ve en medio de la discusión entre el chofer del bus y el operador de turismo, con los choferes de los taxis que impiden la circulación del bus, pues son ellos, los taxistas, los únicos que tienen “el derecho” de prestar ese servicio de transporte – llegando en muchas ocasiones a los golpes, lo que mas espanta al turista.   El operador de turismo que atiende a los turistas se ve obligado a transar con el líder de los taxistas muchas veces pagándole el valor del servicio de traslado aunque no lo presten o…, o…., etc.  Mientras tanto, el Gober no toma llamadas, y el funcionario que las toma no tiene autoridad suficiente para resolver el problema.  Todo esto porque las disposiciones de Ley son confusas, opacas, y enredadas.  Si algún amable lector me puede demostrar lo contario, me daría mucho gusto.

fernando@betanzos.mx

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