Trinchera Turística
Contrastes en destinos turísticos

Algunas autoridades turísticas mexicanas deberían seguir los casos de éxito en otros países
Por Fernando Betanzos y M. CMS. 3 Febrero, 2012
Volví a Lima luego de 30 años. Encontré una ciudad extremadamente limpia, alegre y pujante. Los puestecillos fritangueros que ofrecían al paso los exquisitos anticuchos de corazón, desaparecieron, como también desapareció todo rastro de ambulantaje. Las aceras de la ciudad, muchas de ellas bellamente enjardinadas, son de los peatones, no de los mercachifles. Las peseras, o colectivos no han cambiado en su estilo, son igualitas a las nuestras, pero con cobrador y boletitos. El Centro Histórico es sobrio, con la plaza de armas bordeada como nuestro Zócalo por Palacio de gobierno – del que extrañé sus guardias de casco y polainas de bruñido plateado -, el arzobispado y su catedral. Pero la plaza está enjardinada y no se le ven visos de que en ella se “celebren” manifestaciones tipo AMLO o “conciertos” tipo Ebrard.
Ha cambiado poco. La nueva Lima, en cambio, conocida como San Isidro y Miraflores, antiguos barrios de la aristocracia limeña, son una buena semejanza de Polanco e Interlomas. Con más gente en las calles, mas cafés de barrio en las aceras y mucho, mucho turismo europeo, oriental, ruso, americano y uno que otro mexicano. No hay control de cambios. En las esquinas de Miraflores y San isidro encuentra uno a docenas de peruanos uniformados con chaleco tipo safari decorados con los signos del dólar y del euro, son cambistas ambulantes que compiten con bancos y casas de cambio, pues ofrecen un tipo de cambio ligeramente mejor. No piden identificación alguna, todos pueden cambiar libremente la cantidad que desee. Cada “cambista” tiene en la mano un fajo de billetes y una mini calculadora; porta un gafete de identificación y autorización expedido por las autoridades de la ciudad.
Pregunté si no tenían temor de ser asaltados y los dos o tres con quienes traté contestaron lo mismo: “No pasa nada y además está la policía” ¡Pácatelas! Efectivamente, hay policía que vigila de verdad. Su figura deja mucho de ser la de nuestros policías gorditos, panzones, bigotones. Son jóvenes de buen físico, bien equipados y al parecer bien entrenados. Muchos de ellos se hacen acompañar de enormes peros doberman con bozal, lo que les da una imagen de respeto, similar al que causan los policías en Berlín, cuando uno va a la ITB. Los policías son, además, muy atentos cuando uno se dirige a ellos, dando respuesta pronta y acertada a las preguntas que se les hacen.
Nuestros policías o son prepotentes a más no poder o en algunos casos, no saben ni el nombre de la calle en que están parados. Pobrecitos. La comida clásica sigue siendo clásica: los fabulosos ceviches, los anticuchos, los chupes, el tacu tacu, y tantos otros platos que hace 30 años sólo se servían en “Rosita Rios”, por el rumbo del Rimac. La nueva gastronomía, moderna fusión de la cocina peruana con la moderna europea y oriental es deliciosa, sobre todo precedida de un pisco sour (clásico, por favor) que se paladea en bellos locales en donde da hambre nada más de entrar. Por la Ave Pardo, atrás de la tienda Curacao, están los mercados de artesanías. No hay uno, son muchos, cada cual más limpio, más grande y con más artesanías que el anterior. Algunos de ellos con bello y florido jardín que ofrece bancas donde los maridos esperan pacientemente a que las compradoras salgan cargadas de bolsos.
Las artesanías del Perú son hermosas y variadas, hay de todo. Las reproducciones de piezas arqueológicas son muy comunes y las utilizan para decorar hoteles, restaurantes, tiendas de ropa, etc. Esto les da un valor agregado, ya que están a la vista de todo el mundo como elementos decorativos y el turista las aprecia y compra. Se siente el apoyo del gobierno peruano a sus artesanos. Nuestro Fonart no entiende lo que debería estar haciendo y se ha convertido en una tienda de lujo en donde el trabajo de los artesanos mexicanos no se promueve. Se vende caro, nada más.
Y claro, estuve en una feria de turismo. Una mini feria bajo el título de “Morochucos. Nada como nuestra monumental FITA, hoy FITMexicoCity. Morochucos fue de un sólo día, de 9am a 5pm, tiempo corrido. En un saloncito del hotel Double Tree by Hilton, había unas 40 mesitas, una de las cuales era nuestra. Habíamos llevado más de 25 kilos de material promocional entre folletos, mapas, volantes y regalitos. A las 12 del día teníamos unas 180 tarjetas de “compradores” y ¡cero material! No en balde dice la secretaria Gloria Guevara que el turismo del Perú a México ha aumentado, aunque el perfil de los viajeros que abarrotaban el vuelo de Aeroméxico Lima-México no era precisamente de los que se hospedan en hotel turístico ni hacen tours o circuitos. Habrá que volver al Perú con más tiempo.
ZAPA.- Agua Azúl, Chiapas, un asco. El presidente de la Federación Turística de Chiapas (Fedetur), Mauricio Penagos Malda, dijo que Agua Azul, el famoso “centro turístico” de hermosas cascadas entre Ococingo y Palenque, es el destino en Chiapas que más “inconformidades” arroja. Perdone usted señor Penagos ¿por qué no llamar a las cosas como son y decir quejas, qué es lo que son las inconformidades a las que se refiere? He estado en Agua Azul varias veces. En dos de mis visitas contraje infecciones intestinales que me tumbaron en la cama por más de 48 horas llegando a Palenque. No aprendí a la primera: fueron dos veces porque en la segunda ocasión quise darle al sitio el beneficio de la duda.
Por supuesto que escribí al secretario de turismo de Chiapas en turno, quejándome. No pasó nada. Una misiva más sin respuesta (de las que tengo mil). Luego vinieron los asaltos: turistas despojados de dinero y cámaras fotográficas en la desviación a Agua Azul. Más cartas al gobernador de estado, al aecretario de Turismo, al jefe de la Policía: nada. Yo digo que los ejidatarios dueños de Agua Azul no han sido preparados para manejar un servicio turístico y no debería permitírseles permanecer abiertos mientras no se les capacite para ello.
Agua Azul es un bellísimo sitio cuyos “restaurantes” y letrinas deberían ser clausurados. De allí, dotarlos de infraestructura adecuada, en especial la sanitaria y educar a sus dueños ejidatarios a utilizar adecuadamente la nueva infraestructura y capacitarlos para atender turismo. Entre otras cosas, enseñarles a no lavar vajillas con agua sucia y que aprendan a usar los servicios sanitarios para que sepan por qué deben mantenerse limpios. Podrán reabrir cuando tengan certificado “H”. Hoy, la falta de higiene es absoluta. Tal vez el presidente de Fedetur Chiapas tenga más suerte que yo con sus gestiones. Por lo pronto yo aconsejo a todos los operadores receptivos de México, que mientras los restaurantes de Agua Azul no sean certificados, se mantengan alejados de este hermoso remanso de cascadas y aguas cristalinas.
Por favor: No olviden apoyar a los tarahumaras. Esperamos sus donativos: solamente arroz, frijol y maíz en paquetes de 1 kilo o múltiplos. Mándenlos vía “DHL” o similar a TARAHUMARAS, c/o VIAJES FLAMINGO, en atención a Carmen Elías Barajas, Leyva e Hidalgo, Los Mochis Sinaloa CP 81200.
Desde Los Mochis el Chepe nos está apoyando, llevando el grano a sus estaciones en la Sierra Tarahumara, donde Hoteles Balderrama apoya con la distribución directa ¡Gracias!
Por cierto, no falta el negrito en el arroz: varios integrantes de la industria turística que recibieron nuestro correo pidiendo este apoyo, nos denunciaron a las redes de Internet como abusadores por enviar spam!!! Una denuncia como esta parece ser más importante para muchos que el apoyo a los necesitados Tarahumaras. Pero eso sí, mucho presumimos de solidaridad nacional y patriotismo.
