Una cena con La Catrina para festejar el Día de Muertos


29 Septiembre, 2017
Cena La Catrina

Cena on La Catrina

La relación que se ha establecido entre vivos y muertos en México, es algo que sigue asombrando al mundo entero. A pesar del dolor que pueda causar la partida de un ser querido, las y los mexicanos somos los únicos en realizar un festejo de este tipo, donde el actor principal es la muerte.

Durante dos días son invitadas todas las almas que han partido al otro mundo para convivir en el plano de los vivos en una celebración, el Día de Muertos, tradición que ha sido considerada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Hemos adoptado una visión diferente sobre la transición hacia la muerte, que manifestamos mediante las tradicionales ofrendas a nuestros muertos, calaveras y el personaje de La Catrina.

Tenemos una estrecha amistad con “La Calaca”, con quien reimos, cantamos, bailamos, lloramos y hasta nos sentamos con ella para comer una vez al año durante los días 1 y 2 de noviembre, de hecho, son las únicas fechas en que vivos y muertos compartimos el mismo plato.

Miles de  hogares iluminan el camino de estas almas con velas y veladoras, que evocan al color del sol con flores de cempasúchil y ofrecen todo un banquete con los platillos tradicionales de México, por lo que recurrimos a Valentina Ortiz Monasterio, promotora de la gastronomía mexicana para pedirle que nos ayudara a realizar un menú donde la invitada de honor sea La Catrina.

“El Día de Muertos es una de mis tradiciones más queridas. En casa es una verdadera fiesta para recordar y celebrar a familiares o amigos que han partido al otro mundo, pero sobre todo, el privilegio de estar vivos y juntos. Los menús de fiestas de muertos siempre los diseño con platillos mexicanos, desde luego, con miles de flores y mucho color”, comento Valentina.

El menú que la promotora denominó La Catrina, comprende una entrada que consiste en sopes de hongos diversos y longaniza verde. Es un platillo sumamente sencillo de preparar, con una base de frijoles refritos sobre un sope de masa azul, con un toque de col, lechuga y cilantro, para abrir el apetito de la invitada especial, que se acompaña con salsa verde cruda.

El plato principal se compone de un mole negro con pierna de guajolote, de preferencia, nada más consentidor, patrio y festivo que un mole que también pude ser con pierna y muslo de pollo, cocinado a fuego lento por días y lleno de ajonjolí tostado por encima.

El mole es la expresión más franca de nuestra tradición gastronómica y no puede faltar en una celebración tan importante como el Día de Muertos.

La guarnición sugerida es arroz blanco, eterno compañero del mole, tanto en color como en textura y sabor, es un soldado de batalla de los hogares mexicanos.

Como postre, que mejor que un pan de muerto relleno de nata, es el favorito de los vivos en esta fiesta, formado por huesos y un craneo al centro, su sabor a azahar es una bocanada fresca y el relleno de nata es de privilegiados. “Mi abuela lo servía siempre con zarzamoras con crema aparte, para quien se le antojara”, aseguró.

En cuanto al maridaje su recomendación consiste en vino espumoso blanco o rosado, ya que es excelente aliado para acompañar unos sopes y un mole, los aromas sutiles fritos secos, a pan, y la frescura y acidez enaltece la mezcla de los ingredientes del mole.

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