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HOTELES |
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4«
Royal Champagne
Bellevue
51160, Champillon
Tel. + 03 2652-8711
4«
Grand Hôtel Des Templiers
22, rue des Templiers
51100, Reims
Tel. + 03 2688-5508
http://perso.orange.fr/
hotel.templiers
4«
Chateau Les Crayeres
64, Boulevard Henry Vasnier
51100, Reims
Tel. + 03 2682-8080
3«
Best Western - Hotel de Champagne
30, Rue Eugène Mercier
51200, Epernay
Tel. + 03 2653-1060
3«
Hostellerie Du Mont-Aime
4 et 6 Rue de Vertus
51130, Bergères Les Vertus
Tel. + 03 2652-2131 |
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RESTAURANTES |
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Restaurant
Le Pont de L'aube
12 rue de Châlons
10700, Arcis Sur Aube
Tel. + 03 2537-8481
Les Fontaines
1 Rue des Fontaines
10210, Chaource
Aux Maisons
11 rue des A.F.N.
10210, Maisons Lès Chaource
Tel. + 03 2570-0719
Restaurant Le Beau Rivage
20 rue Villiers aux Choux
10400, Nogent Sur Seine
Tel. + 03 2539-8422
Relais Champagne Bourgogne
2 route Nationale
10250, Plaines Saint Lange
Tel. + 03 2538-4559 |
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Al este de París, la región de
Champagne-Ardenne es una amalgama de paisajes e historia, en la
que Francia ha dejado un buen número de testimonios y donde la
naturaleza sabe ofrecerse cálida y grandiosa. Todo bajo el signo
del más grande de los vinos: el Champagne.
Hay dos tumbas muy visitadas en
esta zona. Una está en Colombey-les-deux-Eglises, en su
cementerio municipal, y pertenece a uno de los hombres que mayor
gloria dio a Francia: el General Charles de Gaulle. La otra está
un tanto escondida en la remota abadía de Hautvillers, cerca de
Reims, y hace compañía a Santa Helena, la madre de Constantino
el Grande que descubrió la Santa Cruz en Jerusalén. Es la
sepultura de Dom Pierre Perignon, un abad benedictino que no se
distinguió por su santidad, sino por haber descubierto “por
casualidad” el que muchos consideran el rey de los vinos: la
champaña, sinónimo de celebración, bienestar y placer.
Recorrer esta región no muy conocida supone desde luego penetrar en
los secretos de elaboración del oro líquido, en unos paisajes
ondulantes repletos de vides que se desparraman bajo el peso de
sus frutos; pero también viajar a la Edad Media y descubrir
ciudades ancladas en el tiempo, vislumbrar agujas góticas que
suben verticales hacia el cielo como las burbujas del champagne.
Entre Reims y Troyes discurre la Ruta Turística del Champagne,
atravesando ciudades enclavadas en tierras cubiertas de viñedos.
Durante todo el año hay más de 50 productores que acogen al
visitante y le muestran los secretos de la elaboración. Todos
ellos relatan, con pequeñas variantes, la anécdota en la que el
abate Dom Pierre Perignon avisaba a sus cofrades de que había
descubierto accidentalmente un vino con espuma. “Bajad hermanos
-gritó alborozado- hay un vino que tiene estrellitas”, al ver en
la cava botellas rotas producidas por una segunda fermentación
ocurrida en la primavera.
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Cava |
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Aquí se puede
descubrir la mágica alquimia del vino de los reyes en las
bodegas de Moët & Chandon, Mercier, Drappier, G.H Mumm & Cie,
Piper-Heidsieck, Vranken Pommery, Veuve-Clicquot, Ponsardin
-gigantescas catedrales subterráneas-, y degustar los caldos de
la región (no sólo champaña), que asombran el paladar y todos
los sentidos. Los viticultores, que actúan como guías
espontáneos, cuentan todos los secretos de las tres cepas mejor
adaptadas al suelo y al clima: el Pinot Negro, famoso por dar
cuerpo a los vinos; el Pinot Meunier, buscado por su sabor
afrutado y su aptitud a acelerar el proceso de maduración, y el
Chardonnay con racimos blancos y una finura excepcional.
La estancia en Champagne-Ardenne tiene siempre la alegría de sus
burbujas, el placer de sus sabores y el disfrute de sus aromas.
Pero esta zona ofrece mucho más que viñedos y bodegas de
reconocido nombre. La historia, el arte, la cultura y un entorno
natural repleto de ríos, lagos, bosques y canales esperan al
viajero.
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Villa Marne |
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Su patrimonio
cultural y artístico es inmenso: castillos, catedrales,
iglesias, ciudades medievales como Troyes que aún conservan sus
fachadas con entramado de madera y fortalezas, tan
impresionantes como imponentes, o la ciudad fortificada de
Langres, patria de Diderot el fundador de la Enciclopedia, que
mantiene bellas casas renacentistas ceñidas por cuatro
kilómetros de murallas.
Y si el champagne corre por las venas de la tierra -kilómetros de
bodegas excavadas en el subsuelo-, el agua lo hace por la piel
de sus verdes y boscosos paisajes. Ríos navegables y más de 10
mil hectáreas de lagos y embalses, poblados por multitud de aves
y rodeados por paisajes espectaculares, son el singular entorno
donde podrás disfrutar de un crucero fluvial, practicar todo
tipo de deportes acuáticos, saborear la vida natural observando
la fauna o dedicarte al turismo rural paseando por alguna de las
numerosas rutas de la zona.
La Ciudad de los Reyes
Parece como si esta región estuviese acostumbrada a los milagros.
Mucho antes de que el vino se transformase en estrellas, el
poder divino se estableció en Reims. Ocurrió en 496, durante el
bautismo de Clovis, Rey de los Francos. Este hecho marco a la
ciudad, que se convirtió en el lugar de coronación de los reyes
de Francia.
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Catedral de
Notre-Dame |
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Basta con observar
la majestuosidad de la catedral de Notre-Dame para entender la
importancia de esta elección. Esculturas finamente cinceladas,
ventanas altas y rosetones adornados con impresionantes
vidrieras. Todo aquí incita al respeto. Y, a pesar de que Reims
fue en gran parte destruida durante la Primera Guerra Mundial,
ha sabido mantener la grandiosidad de aquellos tiempos
gloriosos. No en vano, la UNESCO ha inscrito cuatro monumentos a
su lista del patrimonio mundial: la Catedral, el Palacio del Tau,
la Basílica y la antigua Abadía Románica de Saint-Rémi,
reconvertida en Museo de Arte y Arqueología.
Rond-Point Pommery es la entrada a un mundo subterráneo excavado
por los bodegueros que extiende sus tentáculos por cientos de
túneles. Es el mejor lugar para hacer la primera cata e
introducirse en el sabor característico de esta rica provincia.
Abandonando Reims se penetra en las tierras vinícolas del cercano
Valle del Marne, donde parece brotar champaña por todas partes.
Las lujosas mansiones y las iglesias de la zona han crecido al
ritmo de las burbujas. La localidad de Epernay se considera la
capital de esta bebida, ya que en su avenida principal se
alinean las sedes de las compañías más importantes. Un museo
dedicado a la elaboración del célebre espumoso aporta los datos
históricos más destacados.
Para tener un punto de vista diferente, vale la pena realizar un
breve crucero por el río Marne. Las cepas que tapizan los
viñedos se deslizan dulcemente a ambas orillas. En las alturas,
la fortaleza de Boursault deja ver sus torteas. Vista desde
arriba, la región también es extraordinaria. Las parcelas
estriadas de los viñedos se aprecian claramente y los castillos
ocultos en los bosques hacen por fin su aparición. Algunos
afortunados los espían a bordo de globos aerostáticos que
realizan una ruta singular.
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Ciudad de
Troyes |
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Rond Point
Pommery |
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El camino hacia
Châlons-en-Champagne, capital de toda la región, está marcado
por la dolorosa historia de estas amplias tierras que
contemplaron encarnizadas batallas en las dos Guerras Mundiales.
Cráteres de obús, vestigios de trincheras, memoriales y
cementerios recuerdan este triste pasado. Sin embargo, ha
conservado el encanto discreto de una ciudad de provincia. Las
casas de entramado de madera se codean con viviendas más
burguesas hechas de yeso y ladrillos rojos.
La ciudad medieval de Troyes es la perla de la región. La antigua
muralla que la limitaba tenía la curiosa forma de un tapón de
champaña, lo que fue toda una premonición, ya que todavía no se
había inventado. La urbe ha conservado sus casas del siglo XVI,
una arquitectura de entramado de madera típica de la campiña
champanesa. Las restauraciones que se están haciendo dejan a la
vista esta original estructura, rellenada con ladrillos. La
Torre del Orfebre y la Casa del Panadero, que conservan las
pequeñas poleas con las que se subían las mercancías, son los
mejores exponentes de este original estilo. Aquí hay nueve
iglesias, cada una de ellas diferente, y varios interesantes
museos: Arte Moderno, Farmacia, la Casa de la Herramienta, entre
otros.
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Basílica de
St. Urbain, Troyes |
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Basílica de
St. Urbain, Troyes |
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Esmerado proceso
Al sur de Troyes se encuentra Côte des Bar que debe su reputación
al champagne que aquí se produce. Los viñedos cubren las laderas
de relieve accidentado. Los visitantes descubren esta tierra de
aldeas floridas a lo largo de la Ruta. Sea cual sea la estación
del año, siempre hay una lección que aprender de los
viticultores, misma que ofrecen con gusto. Una visita a la
bodega, seguida de la correspondiente cata, es por tanto
ineludible.
En esta zona, unas
25 mil hectáreas de viñedos producen la uva más selecta, la
requerida para no saltarse la estricta reglamentación de la
denominación de origen de Champagne. Ningún otro espumoso de
Francia y del resto del mundo puede llamarse así. Sólo a duras
penas pueden mencionar que utilizan el método champagnoise. Del
suelo calcáreo brotan las famosas cepas que necesitan para
sobrevivir una temperatura media anual de 10 grados como mínimo.
Por eso, no hay que extrañarse de que en el paisaje sobresalgan
gigantescas aspas de ventiladores que impiden que las viñas se
hielen cuando llegan las nevadas.
Dentro de la bodega, lo primero que se comenta es que gran parte de
la uva empleada es negra, Pinot Noir concretamente, que es
prensada en los anchos lagares con suma delicadeza para obtener
un mosto blanco, sin teñirse del rojo de la piel. Las
explicaciones continúan con los diversos procesos de elaboración
hasta que las botellas llegan a depositarse en un laberinto de
túneles.
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Reservas |
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El milagro de las
burbujas forma parte de un proceso natural, debido al clima
fresco de Champagne y la corta temporada de crecimiento de la
vid. La cosecha se realiza a fines del otoño, con lo cual se
obtienen uvas repletas de azúcar, que las levaduras no llegan a
convertir totalmente en alcohol. Durante la primavera, el
proceso se realiza dentro de la botella, creando burbujas de
dióxido de carbono que quedan atrapadas en ella. Luego, en el
oscuro frescor adquiere un envejecimiento que suele ser de tres
a ocho años. Al salir, extensos paisajes esperan al viajero.
En toda la región,
la historia y la naturaleza se entremezclan, el arte de vivir y
la gastronomía conforman una filosofía en la que el champagne no
es ajeno. Como las burbujas que suben por la copa, un recorrido
por estas tierras es siempre sabroso y chispeante.
Todo sobre el champagne
El champagne es una de las bebidas más famosas y consumidas por
todos los ciudadanos del mundo. Se venden alrededor de 300
millones de botellas al año, cantidad suficiente para llenar
aproximadamente 2.000 millones de copas de champagne. Cada dos
segundos se descorcha una botella en algún lugar del mundo.
Es el vino por excelencia de las celebraciones, tanto en bodas,
bautizos y comuniones, como en nacimientos, cumpleaños y
botaduras de barcos. Es señal de mal augurio que no se rompa la
botella al chocar contra el casco, como ocurrió con la del
Titanic que permaneció intacta después del violento choque.
Es promiscuo por naturaleza, lo mismo se deja beber "a morro"
por un piloto de carreras, que es tragado sin respeto (y casi
siempre en vaso de plástico) por los agraciados en las loterías.
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Viñedos de
la región de Champagne-Ardenne |
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El nombre de su
inventor, Dom Perignon, ha bautizado la reserva más famosa y
cara de la casa Moët et Chandon, dueña desde 1822 de la abadía
que vio nacer el invento y parada obligatoria, hoy, en cualquier
visita turística a la región.
La botella empleada para los vinos espumosos está diseñada
especialmente (Eugene Digby) para resistir la presión generada
por el gas carbónico que desprenden las levaduras en su segunda
fermentación, por lo que sus paredes son mucho más gruesas.
El período de reposo de una botella de champagne varía desde los 15
meses (periodo mínimo reglamentado para los vinos jóvenes),
hasta casi una década en los Krug. Durante meses se da el “golpe
de puño” (para despegar los posos) y son colocadas sobre unos
pupitres agujereados, con el tapón inclinado hacia el suelo. En
esta nueva ubicación reciben un removido en el sentido de las
agujas del reloj y en el inverso de forma alterna, a la vez que
van inclinando su posición, este proceso dura unos 21 días en
España, y casi el doble en Champagne. Un buen especialista puede
girar unas 14,000 botellas al día.
Antes de abrir una botella, hay que sujetarla con un trapo limpio,
para evitar que resbale. Primero se quita el papel o aluminio
que cubre el cuello de la botella; y luego la "malla" o alambre
que recubre el corcho. Se sujeta el corcho y se va girando
lentamente sin cambiar la dirección de giro, para evitar que el
corcho se rompa. Nunca debe dejarse salir solo.
Como es una bebida que se toma muy fría (entre 5º-8º), no se llenan
demasiado las copas para evitar que pierda este grado de
frescura. La copa deberá ser tipo flauta, descartando las copas
planas y anchas.
Creditos:
Texto: Enrique Sancho |