Ubud

Delicada y espiritual


Texto y fotos Mariana Lafont
Ubud, Indonesia.- Mujeres con cestas y ofrendas

Mujeres con cestas y ofrendas

Sumérgete en Ubud, corazón cultural de Bali, uno de los lugares donde la escritora Elizabeth Gilbert pasó una temporada y se inspiró para escribir su exitoso libro y best seller Comer, rezar, amar.

La pequeña Ubud brota entre arrozales y quebradas. Engloba varias aldeas que se especializan en alguna rama del arte: danza, escultura, pintura, orfebrería y un particular estilo musical, el gamelán (con xilófonos, tambores y gongs). Tal como lo describe escritora Elizabeth Gilbert, este centro artístico y acoturístico “[…] se halla en el centro de la isla de Bali, entre montañas, rodeado de terrazas de arroz e innumerables templos hindúes, con ríos y cañones en la selva y volcanes en el horizonte […]”*. Su nombre deriva del balinés ubad (“medicina”) ya que originalmente fue una importante fuente de plantas y hierbas medicinales. A fines del siglo XIX, Ubud se convirtió en el estado más poderoso del sur de Bali y desde entonces varias ramas del arte ya eran importantes.

Ubud.- Exuberante vegetación

Exuberante vegetación

La concurrida Jalan Raya Ubud, cruza el centro, pasa por el mercado de artesanías y siempre tiene mucho tráfico. Para los occidentales, al principio parece un caos, sin embargo, todo está en equilibrio y cada vehículo tiene su lugar. Además los conductores son increíblemente pacientes en los congestionamientos y sumamente hábiles circulando en calles angostísimas. Abundan las bocinas, no por nervios, sino para avisar maniobras a otros conductores y, si bien pueden ser molestas, te acostumbras. En cambio, en las calles aledañas las gallinas deambulan buscando comida mientras los niños juegan descalzos o remontan barriletes. Y cuando pasas te saludan con un simpático y agudo “helloooo”.

Ubud.- Escultura en piedra

Escultura en piedra

Danzas y arroz

Una visita obligada (ideal a la mañana o al atardecer para evitar el calor) es ir a un arrozal, a sólo diez cuadras de Jalan Raya Ubud. Esta genial obra de ingeniería aplicada a la agricultura da tres cosechas al año, silencio y paz. El tiempo se ha detenido y la siembra, la cosecha y la trilla aún se hacen a mano. Las sendas con cocoteros corren paralelas a los canales de riego donde siempre hay alguien bañándose luego de una calurosa jornada. Y, por las noches, las luciérnagas se adueñan del paisaje.

Ubud.- En las afueras de la villa

En las afueras de la villa

Otro imperdible es el Monkey Forest, reserva natural y templo sagrado donde viven unos 340 macacos de cola larga. En la entrada se ven los primeros y confianzudos primates colgándose de bolsos y vestidos en busca de comida. Para el hinduismo balinés los monos encarnan tanto fuerzas positivas como negativas y pueden ser amados u odiados. En el Monkey Forest son venerados porque se cree que cuidan los templos de los malos espíritus. Pero también son rechazados cuando invaden campos de arroz o roban souveniers de tiendas.

Cerca de ahí, en plena Jalan Raya Ubud, está el gran Palacio Real, antiguo hogar del último rey Tjokorda Gede Agung Sukawati. Ahí viven hoy sus descendientes y todas las noches hay representaciones de danza tradicional balinesa en el patio. Cada noche hay shows de varios tipos de danzas (como las Legong y Barong) con sensuales y pequeñas bailarinas con brillantes sarongs. En estos estilos de baile las piernas permanecen casi estáticas mientras el torso se mueve veloz y entrecortadamente. Pero lo más llamativo es el movimiento preciso y frenético de dedos y ojos.

Ubud.- Arrozales

Arrozales

Hinduista pero diferente

Mientras Indonesia es musulmana Bali es “hinduista balinesa”, religión que combina dioses y doctrinas hindúes con creencias animistas y culto a santos budistas y a las fuerzas de la naturaleza. Los “pura” -templos-  son espacios entre muros y a cielo abierto para tener un mejor contacto con la naturaleza y los dioses. Dentro hay santuarios, jardines, coloridas sombrillas ceremoniales y "merus" (pagodas de madera con hasta doce techitos superpuestos donde moran las divinidades). Para entrar, hombres y mujeres (locales y turistas) deben lucir el atuendo tradicional obligatorio. Las balinesas, con su porte elegante, parecen desfilar ataviadas en sus sarongs y es asombroso ver cómo, ya sea a pie o sentadas de costado en una moto, llevan cestos de bambú colmados de ofrendas florales en perfecto equilibrio sobre su cabeza.

Dónde hospedarse:
Existe gran variedad de hoteles, bungalows y económicos “guest houses”, desde $50 USD.
Dónde comer:  
La comida es exquisita. Ya sea en restaurantes internacionales o en económicos “warungs” a US $3 por persona.
Transporte: Del aeropuerto Denpasar a Ubud son 35 kilómetros. Taxi: US $25. Alquiler de moto: US $6 por día. Auto: US $11 por día.
Museos: Puri Lukisan www.mpl-ubud.com y Antonio Blanco www.blancomuseum.com

“[…] Ubud ha sido considerada desde siempre el centro cultural de la isla, el lugar donde la pintura, la danza, los tallados y las ceremonias religiosas tradicionales balinesas prosperan […]”*. Así describe este idílico lugar la autora de Comer, rezar, amar  y basta ver cada calle, tienda, casa y jardín para comprobar que todo tiene un toque artístico. Pero, paradójicamente, la palabra “arte” no existe en el idioma balinés porque todos los nativos llevan un artista dentro y cada disciplina se practica como un don natural para agasajar a los dioses. En pintura, si bien hay un estilo tradicional de la isla también hubo interesantes mezclas con artistas occidentales como el extravagante Antonio Blanco, quien se quedó desde los años ’50. Su suntuosa casa museo está rodeada de jardines y aves exóticas. Sus pinturas (muchas eróticas) retratan la belleza de las mujeres balinesas y no es casual que él mismo se casara con una famosa bailarina.

Pero para ver arte balinés tradicional lo mejor lo encuentras en el Puri Lukisan (Palacio de la Pintura) con 150 obras que resumen el desarrollo de este arte en Bali. En síntesis, Ubud es un lugar que te seduce y te invita a quedarte más de lo planeado y hacer algún curso de yoga, pintura, cocina o cultura balinesa tal como le sucedió a la escritora Elizabeth Gilbert. Quizás sus bosques, ríos y temperatura (más agradable que en la costa) sean una buena excusa. Pero lo cierto es que si te dejas llevar por su ritmo pausado los días pasan, estás a gusto y, simplemente, no te dan ganas de irte.

Ubud.- Danza tradicional balinesa

Danza tradicional balinesa

Morir en Bali

De paso por Bali es común ver alguna cremación. Te sorprenderás al ver que no es un momento triste, al contrario,  todos participan y disfrutan del evento en la calle. Para los balineses el fin de la vida no es algo trágico ni les preocupa ya que creen que el tiempo es circular y que las almas se reencarnan infinitamente en nuevos cuerpos. La cremación es un sofisticado ritual que lleva tiempo y dinero preparar. La ceremonia empieza con una procesión por el pueblo. Varios hombres llevan una colorida torre de bambú con el cuerpo al son de los gamelanes. Entre tanto, los turistas pueden participar y tomar fotos respetuosamente. Una vez en el sitio de cremación se pasa el cuerpo a un sarcófago con forma de toro, león o pez, el sacerdote hace una bendición y los familiares prenden el fuego y todo arde en minutos. Luego recogen las cenizas y las arrojan al mar o a la orilla de un río. 

Más información: www.ubud.com

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