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Querétaro es, en lo que a historia y cultura se refiere, una
de las ciudades más atractivas de nuestro país. Sus calles,
misiones, iglesias y monumentos son cómplices de fascinantes
leyendas que han hecho de dicho Estado, un escaparate de
atractivos para el visitante, incluida una atmósfera
tranquila y romántica.
El
Estado de Querétaro -considerado por la UNESCO como sitio
Patrimonio de la Humanidad- es un tapete tejido de matices
entre lo barroco de su arquitectura, lo moderno de sus
plazas comerciales y sus atractivos naturales, decorado todo
ello por la calidez de su pueblo, su música y su
gastronomía. A nuestro paso, sus muros parecen narrar en
silencio las historias de sucesos que dieron origen a
nuestras tradiciones.
En 1810 Querétaro se convirtió en la cuna del movimiento de
Independencia y ya en la época del Primer Imperio, es decir
en 1821, Agustín de Iturbide se hospedó en la casa de don
Francisco Alday, que posteriormente se convirtiera en la ya
famosa Casa de la Marquesa, un exquisito hotel boutique, que
rememora nuestro pasado acoplándolo de manera incomparable a
la refinada modernidad de estos tiempos.
En esta
majestuosa construcción, los huéspedes descubren un lugar
donde la historia, el estilo y el excelente servicio se
combinan de manera poco usual. La casona data de 1756 y es
una joya barroca digna de admirarse, o mucho mejor aún, de
ser su visitante.
Tras una minuciosa restauración encabezada por un equipo de
historiadores, el inmueble fue reabierto en 1995, junto con
La Casa Real -propiedad restaurada a finales del siglo XIX y
a sólo una cuadra de distancia- formando un hotel de
características únicas, rodeado por una ciudad fascinante,
que atrapa por su singular encanto y por estar prácticamente
en el centro de nuestro país.
El hotel se
compone de 25 suites decoradas de manera exquisita con
piezas de arte antiguas, recopiladas de diferentes partes
del mundo. Cada una además, puede convertirse en una
magnífica cabina para recibir el tratamiento de spa
seleccionado, de acuerdo a los gustos y necesidades de cada
cliente.
La comodidad de sus huéspedes es un factor extremadamente cuidado
en este recinto, ya que cuenta con cojines rellenos de pluma
de ganso, con cubrecamas seleccionados, calefacción, aire
acondicionado, teléfonos con línea directa, acceso a
Internet, TV por cable y amenidades detallistas.
Tales atractivos se ven complementados con su capilla privada, el
campo de golf cercano y los paseos por la ciudad, que pueden
realizarse con guías especializados, previa reservación.
La Casa de la
Marquesa también cuenta con el restaurante más elegante de
Querétaro: "El comedor de la Marquesa", un viaje al pasado y
a su vez un distinguido semillero de magníficas
especialidades de la mejor gastronomía. Este lugar singular
ofrece platillos internacionales y de la cocina mexicana,
mientras que la cafetería de La Casa Real, brinda un
servicio casual, pero no por ello de menor calidad.
Si desea disfrutar de un buen aperitivo o bebida, nada mejor que
visitar el bar Don Porfirio, que le acogerá con su cálida
atmósfera, que lo remontará en el tiempo con una selección
de vinos y licores de primera calidad, seleccionados y
acompañados de selectos bocadillos.
Y para los
gustos más refinados, nada como acudir a La Capilla, donde
se ha reservado un espacio íntimo e ideal para consentir y
deleitar a los exigentes paladares, con una velada
inolvidable y menús gourmet.
Los arcos gloriosos de sus patios, los toques Moriscos en su
arquitectura y la belleza barroca de su capilla, atrapan la
atención de quien ingrese a este magnífico recinto,
especialmente a los amantes de la arquitectura, fotógrafos y
aquellas personas que gustan de hospedarse en hoteles con
historia.
La Casa de la Marquesa cuenta con una ubicación ideal para salir a
caminar por las calles empedradas del Centro Histórico de
Querétaro y llegar hasta los variados museos, las capillas,
los tradicionales restaurantes y cafés, así como a las
múltiples boutiques y tiendas de artesanías, que nos llaman
a visitarlas.
El
toque histórico
Una leyenda romántica envuelve a esta edificación, pues se
dice que en el Siglo XVIII, un Marques español se enamoró de
una monja, cuya religión le hizo rechazar dicho amor. Sin
embargo, ella le solicitó al galante caballero un regalo y
éste fue construir un acueducto para llevar agua a la ciudad
y a la casa más hermosa… La Casa de la Marquesa, lo cual
hizo complacido, dejando además dos bellas herencias
históricas, arquitectónicas y culturales, dignas de una
ciudad que lleva implícitas la historia y la leyenda.
Como hotel boutique, La Casa de la Marquesa ofrece no sólo los
mejores servicios a sus huéspedes, sino un trato
especialmente minucioso y afable, lo que concuerda con el
calor de esta bella y añeja construcción. ¡Bienvenidos!
Creditos:
Texto: Por Erika Montes
Zamora |
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