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Por estas entradas de agua que fluyen hacia el interior de Yucatán,
entró no sólo el mar, sino los primeros arietes contra culturales de
nuestro enfrentamiento contra un viejo mundo, hasta entonces
desconocido.
La península de Yucatán fue sede de los
grandes asentamientos de la cultura maya del post clásico, en
ella se encuentran vestigios de las majestuosas ciudades de
aquella época que evidencian la grandeza de esta civilización.
También, es una zona geológica interesantísima; de geografía
sorprendente y biodiversidad abundante; de nula orografía y
carente de ríos, es una plataforma caliza formada de rocas
sedimentarias en la que no existen corrientes superficiales y el
agua se filtra, formando un manto freático de poca profundidad
compuesto por grutas, corrientes subterráneas, cenotes y
aguadas, con una vegetación exuberante en partes y hasta rala en
otras.
Se puede hablar de varias teorías
acerca de su formación, de que es la zona probable de impacto del
asteroide que teóricamente terminó con los dinosaurios y gran parte
de la demás vida terrestre, pero lo que es cierto y está comprobado,
es que al visitarla la realidad supera a toda fantasía y su belleza
nos deja boquiabiertos, y entonces entendemos la sorpresa de los
navegantes hispanos al contactarla en su trayecto desde Cuba e ir
descubriendo sus mil y un atractivos.
Como ya mencionamos, Yucatán no tiene ríos, más sí entradas de agua
de mar que se incrustan en su territorio entre manglares y petenes,
a través de delgados brazos de tierra que le dan de momento la
apariencia de una formación fluvial. Estas estradas son conocidas
como Rías, apelativo derivado de Río, que trata de describirlas como
eso: pequeños ríos simulados a la orilla del mar, aunque de agua
salada.
Ría lagartos
Al norte, donde confluyen el Golfo de México y el Caribe Mexicano,
se encuentra una de estas rías, Ría Lagartos, que además es la
primera punta referenciada en la cartografía del estado; a ella
llegaron sedientos los españoles, bordeando la costa desde Cozumel;
se adentraron en lo que pensaron era un río que les ofrecería agua
dulce y antes encontraron una gran cantidad de cocodrilos, especie
desconocida para ellos, por lo que llamaron al lugar Río de los
lagartos.
Esta entrada de mar, que se encuentra entre Punta Caracol y San
Felipe, fue el puerto de Chichén Itzá en su época de mayor
esplendor, y desde ahí, controlaron los mayas su comercio marítimo
hacia el centro y Guatemala.
Ría lagartos es la mayor zona de anidación del Flamenco Rosado,
especie de sofisticadas formas, característico andar y que al
levantarse en vuelo forma nubes rosadas de gran atractivo, que da a
luz sus polluelos y los cría hasta ser ejemplares juveniles y poder
ser parte de las parvadas de la zona. Actualmente se estima que
existen alrededor de 20,000 flamencos en la ría.
Además de esta especie, de gran
fragilidad, a la que debe observarse a distancia prudente, en el
área habitan dos de las tortugas marinas más características de la
zona: la verde (o blanca) y la carey.
Otras especies que forman la diversidad de vida son el mono araña y
el saraguato, mamíferos pequeños como el tejón y hasta venados y
jaguares, además de las cerca de 30,000 aves migratorias que se dan
cita en invierno para anidar junto a sus mangles, en un clima
propicio para el desarrollo de sus especies.
Ría Celestún
La otra formación marina entrante en tierra, Ría Celestún, se
encuentra en la frontera entre Yucatán y Campeche, en el Golfo de
México. Su nombre lo debe al poblado costero en que se encuentra,
cuyo significado es “piedra pintada”, peculiar por guardar aún
muchas de las características y técnicas de los antiguos pescadores
mayas, por lo que deja un buen sabor de boca saber que, aún cuando
su distancia a la capital del estado es de apenas 90 km., se ha
mantenido como una población no alterada dramáticamente en sus
costumbres, además de que el área natural no ha visto perturbadas
sus múltiples riquezas biológicas.
La economía del pueblo de Celestún, en sus principios, se basaba en
la producción artesanal de sal y su comercio, aunque al irse
desarrollando el interés por el ecoturismo, los servicios de tipo
turístico como guías, restaurantes y pequeños hoteles, le han dado
un giro al desarrollo de este bonito lugar.
La gastronomía, sobra decirlo, es especializada en mariscos del
día, verdaderamente frescos y sabrosos, ya que la pesca es
abundante.
Otras especies que viven en Celestún, además del Flamenco, son el
cocodrilo, algunos murciélagos, búhos y una gran cantidad de aves
residentes y migratorias, que permiten que la observación de aves en
el sitio sea una experiencia incomparable.
Coincidencias
Como un mismo ecosistema, ambas rías tienen similitudes propias de
los humedales; estas no sólo se dan en su clima o en su vegetación y
fauna, sino en el tipo de actividades que pueden realizarse en ellas
y la belleza escénica que ofrecen, que en momentos hace difícil
distinguir entre una y otra.
De hecho, ambas son Reservas de la Biosfera, aunque designadas en
diferentes fechas; mayo de 1979 Lagartos y febrero de 2000 Celestún.
Ambas son reconocidas como santuarios del flamenco rosado y están
en el estado de Yucatán, aunque Celestún comparta en parte su
territorio con Campeche, pero sobre todo, ambas son dos lugares no
sólo de gran atractivo, sino que guardan entre la algarabía de sus
aves y la tranquilidad de sus aguas y mangles, fragmentos de
historia, antigua y reciente; mientras que la primera se encuentra
en los libros, esta última puede ser rescatada en la plática
coloquial con sus moradores, gente de mar, con la alegría de la
gente yucateca y con el orgullo de su origen maya, que son
excelentes narradores de historias inimaginables, que podríamos
contarles, pero que no saben igual que en un recorrido por el
estero, con los efectos de sonido naturales, con el acento del
sureste del interlocutor y sintiendo en la piel esas vivencias
contadas, haciéndolas parte de nuestra propia historia.
Creditos:
Texto:
Eduardo Juárez Cortés |
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