Las plumas del Pavo Real

Hubo una época en la que entre las aves había constantes riñas porque todas creían que tenían mayor importancia que las otras, algunas por lo bello de su canto, otras por sus llamativos plumajes.
El Gran Espíritu convocó a una asamblea para elegir a una que pudiera gobernar a todas las aves. Así, empezaron cada una a exaltar sus virtudes, pretendiendo ser merecedoras de tal distinción.
-Seguramente será elegida el ave con el canto más dulce- dijo Xkokolch, el ruiseñor.
-Te equivocas- replicó Cutz, el Pavo Montés, eso no es lo que necesitamos. Quien gobierne a las otras aves debe ser fuerte.
-Estoy en desacuerdo-. Contestó dzibdzib, el Cardenal, mientras desplegaba su plumaje color escarlata.
Dzul-Cutz, él Pavo Real, escuchaba a las otras aves, pero él, como en ese entonces no tenía un plumaje bello, se inhibía por su escaso atractivo. En un momento, le vino a la mente el pájaro Puhuy, mensajero de los caminos, que ausente no se había enterado del concurso. Dzul-Cutz se encaminó a su casa y le comentó.
-Yo no soy capaz de concursar con este plumaje, pero el tuyo es hermoso, aunque eres demasiado pequeño para ser el Rey. Yo tengo elegancia y gracia. He venido a proponerte algo: si me prestas tu plumaje yo podría ganar y te compartiría riquezas y honores.
El Puhuy desconfío, pero él Dzul-Cutz le insistió, lo convenció y le prestó sus plumas al Pavo Real que quedó vestido con una larga cola turquesa y los colores cálidos del atardecer.
Dzul-Cutz se dirigió a donde se habían reunido las aves y al entrar causó exclamaciones ante las aves más bellas. Con su galanura y melodioso gorjeo se adueñó del evento. El Gran Espíritu, maravillado ante el Pavo Real, no dudó en proclamarlo monarca.
Sin embargo, Dzul-Cutz no devolvió a Puhuy sus plumas, y después de unas semanas apareció este último debajo de un arbusto, con frío. El Pavo Real se había olvidado del favor que le había hecho su amigo y todas las aves le hicieron saber al Gran Espíritu que él Pavo Real había logrado ese bello plumaje por la traición que había hecho a Puhuy y exigieron que fuera castigado.
Desde entonces, cada vez que el Pavo Real abre el pico, no sale más un bello canto de su garganta, sino un sonido desagradable que causa risa en las otras aves, en castigo a su mala acción.
