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El Puerto de Veracruz |
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En el Puerto las noches suelen ser largas, llenas de calor
de todo tipo, de música, de sudor, de caderas prodigiosas
envueltas en ligeros vestidos floreados, de sonrisas mulatas
y rayos de luna que iluminan la espuma de las olas.
Para
ser un buen turista en el Puerto de Veracruz, hay que
iniciar el día desayunando en La Parroquia y comenzar a
terminarlo en Los Portales; pero para ser un buen viajero,
hay que caminar sus calles, recorrer sin prisa el malecón,
detenerse a comer una nieve, chacharear en los muchos
locales de artesanías que hay en el embarcadero, platicar
con la gente, comer un pescado a la veracruzana en alguna
fonda sin pretensiones y beber una cerveza en alguna cantina
que frecuenten marineros.
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El
Malecón del Puerto |
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La Parroquia,
ubicada frente al malecón, donde de entrada hay que pedir un
café con leche, es el Alfa de una visita a esta ciudad
veracruzana, la más famosa. Al ser el estado de México más
largo, que lo mismo tiene frontera al norte con Tamaulipas,
que al sur con Tabasco, los orgullosos porteños acuñaron la
frase de que "Cualquiera puede nacer en Veracruz, el chiste
es nacer en el Puerto".
La cafetería de La Parroquia es decimonónica, su existencia toca ya
tres siglos y por eso es toda una institución tanto para los
lugareños, como para los visitantes. Durante décadas ha sido
el punto de encuentro lo mismo de políticos, que de
estudiantes, artistas y personajes que han florecido a lo
largo de tantos años.
El Puerto de Veracruz no es un destino turístico inventado de la
nada con fines lúdicos, como es el caso de Cancún o Los
Cabos, por ejemplo; no, es una ciudad con una añeja historia
que data de tiempos coloniales y que se continúa escribiendo
día con día. Ahí está el caso de la recién derribada estatua
del ex presidente Vicente Fox, que será anécdota citable en
los registros futuros.
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El Fuerte de San Juan de Ulúa |
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Por su posición
estratégica en el Golfo de México que mira hacia el océano
Atlántico, hacia el Caribe y las costas de Europa y África,
en la época de la Colonia fue la puerta de entrada y salida
de muchos de los productos que se comerciaban en buena parte
del mundo conocido entonces.
Hernán Cortés la fundó en 1519 y rápidamente se convirtió en un
emporio comercial. Y, si bien Cristóbal Colón descubrió
casualmente el Nuevo Mundo en su búsqueda de una ruta
marítima a las Indias, durante varios siglos la famosa Nao
de China que zarpaba de Manila, Filipinas, tuvo como destino
Acapulco, en el océano Pacífico. Una buena parte de los
productos que bajaban de esa nave se quedaban en la Nueva
España, pero otro tanto se iba por tierra a Veracruz, donde
se embarcaban hacia Europa.
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Baluarte de Santiago |
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Aquí, en el
Puerto, Benito Juárez instaló la capital del país durante la
guerra de Reforma; y aquí, en el Puerto, desembarcó de la
fragata austriaca "Novara" el ilustre Maximiliano de
Habsburgo, después de haber recorrido miles de millas
náuticas desde su castillo de Miramar en Trieste, Italia.
De aquí, del Puerto, y en ese mismo barco, regresaría el cadáver
del efímero emperador a Europa.
Historia le sobra a esta ciudad, como atractivos turísticos
también, para invertir las horas del día. La lista es larga:
el fuerte de San Juan de Ulúa, que fue muelle, fortaleza,
prisión y palacio presidencial; el Museo de la Ciudad, donde
se exhiben cuatro siglos de historia del Puerto; el Archivo
y Biblioteca de la ciudad; Las Ataranzas, un bello edifico
del siglo XVIII que fue rescatado del olvido a finales del
siglo pasado; el Baluarte de Santiago, último vestigio que
da fe de que alguna vez el Puerto fue una ciudad amurallada
y que marca hasta dónde alguna vez llegó el mar; hoy se
encuentra dentro de la metrópoli.
También están los edificios de la Aduana Marítima, de Correos y
Telégrafos, y el teatro Francisco Xavier Clavijero, ejemplos
de la arquitectura neoclásica que impuso una moda
arquitectónica durante el Porfiriato; el Acuario, uno de los
mejores del país; el Museo de Agustín Lara, casa donde
habitó el famoso músico popular, quien escribió "Veracruz",
el himno por antonomasia de los nacidos en esta tierra.
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Playa de Hornos |
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Dos ciudades
en una
Históricamente, el Puerto de Veracruz y Boca del Río, un
pueblo de pescadores junto al río Jamapa, fueron dos
localidades separadas, pero sus sendos crecimientos urbanos
las conurbaron y hoy prácticamente conforman una misma
ciudad en la que la primera juega la parte de Centro
Histórico y zona antigua, en tanto que la segunda representa
la modernidad, con grandes hoteles, restaurantes, centros
nocturnos, fraccionamientos, centros comerciales y un Centro
de Convenciones.
Ante esta dualidad, las noches en esta urbe pueden comenzar de dos
maneras: la clásica y la agitada. La clásica inicia de la
mano del ocaso, ocupando una mesa en uno de los muchos
restaurantes de Los Portales para dejarse inundar por el
ambiente porteño y refrescarse con la noche que llega y con
un trago.
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Acuario de Veracruz |
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Poco a poco los
cinco sentidos se van empapando del lugar, con el ir y venir
de la gente, con los grupos de diferentes músicas que tocan
en las mesas, comprando y probando la botana que vendedores
ambulantes ofrecen en su andar entre los comensales: igual
quesitos que caracoles que aquí llaman teogogoles y que,
como en muy pocos lugares del mundo, los dueños de los
establecimiento permiten que sus clientes los adquieran y
consuman en sus mesas. Igualmente habrá quien te ofrezca un
"auténtico" Cohiba cubano por cuarenta pesos. Cómpralo, pero
no les creas la marca, por ese precio nunca se conseguiría
un Cohiba verdadero en México; sin embargo, te podrás fumar
un buen puro veracruzano bastante barato, mientras escuchas
y miras en la explanada bailar danzón con una orquesta en
vivo. Tal vez te animes y saques a bailar a alguna de las
muchas mujeres que suelen esperar bien arregladitas quién
las invite.
La agitada consiste en cenar en algún buen restaurante del lado de
Boca del Río, para después, como quien reza un rosario y va
pasando bolitas entre los dedos, ir recorriendo a la par del
malecón, pero siempre en dirección del Puerto, la infinidad
de antros que forman un camino de diversión hacia el Puerto
de Veracruz, donde las noches suelen ser largas, llenas de
calor de todo tipo, de música, de sudor, de caderas
prodigiosas envueltas en ligeros vestidos floreados, de
sonrisas mulatas y rayos de luna que iluminan la espuma de
las olas que hacen su nido en la orilla del mar. Ese es el
Omega de un día porteño.
Creditos:
Texto:
Gustavo Armenta |
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