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HOTELES |
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Corral del Conde
Constitución y Morelos
Real de Catorce,
San Luis Potosí
Tel. 01 (488)
887-5048
Quinta Puesta Del Sol
Calle del Cementerio No. 16
Real de Catorce,
San Luis Potosí
Tel. 01 (488) 887-5050
CATEGORÍA ESPECIAL
Hostal Campestre Alcazaba
Calz. Zaragoza
No. 33 - A
Real de Catorce,
San Luis Potosí
Meson De La Abundancia
Lanzagorta No. 11
Real de Catorce,
San Luis Potosí
Tel. 01 (488)
887-5044
Ruinas Del Real
Libertad esq. Lerdo
Real de Catorce,
San Luis Potosí
Tel. 01 (488) 887-5066 |
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RESTAURANTES |
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1913
Galeana Num. 205
Col. Centro
Tel. 01 (444)
812-8352
Tipo de comida: Mexicana
Bounarroti Ristorante
Manuel J. Coutier, Num. 104
Col. Burocrata
Tel. 01 (444)
817-5286
Tipo de comida: Italiana
El Ángel
Av. Venustiano Carranza 1625
Col. Tequisquiapan
Tel. 01 (444)
817-8020
Tipo de comida: Mexicana
El México de Frida
Valentín Gama 645
Col. Jardines de Oriente
Tel. 01 (444)
811-4603
Tipo de comida: Mexicana
La Balbaina
Cuauhtémoc 1505
Col. Jardín
Tel. 01 (444)
8 17 56 56
Tipo de comida:
Oriental - Libanesa |
El ambiente mágico de esta pequeña
población de apenas 1,300 habitantes, situada en el noreste del
altiplano central potosino a 2,750 metros de altitud, empieza
cuando uno cruza el Túnel de Ogarrio, el acceso
principal al poblado. Son 2.3 kilómetros que nos transportan a
otro tiempo, a un “pueblo fantasma” lleno de construcciones y
minas abandonadas, por debajo de una montaña horadada a hierro y
sudor de los mineros de inicios del siglo pasado.
Este enorme túnel fue la última gran
construcción que se hizo en Real de Catorce, antes de que se
iniciara su decadencia como centro minero. Hoy, el pueblo vive
principalmente de la agricultura, la ganadería y, desde luego,
del turismo nacional y extranjero.
Real de Minas de la Limpia Concepción de
los Álamos de Catorce
Este fue en un inicio, el nombre original
de este singular pueblo. A mediados del siglo XVIII, después de
ser incendiado por nómadas chichimecas, cambio ese nombre al de
"Real de Minas de Nuestra Señora de la Purísima Concepción de
los Álamos de Catorce", denominación que fue perdiendo vigencia,
hasta su actual y simplificada denominación.
Real de Catorce se encuentra a 254
kilómetros de la capital San Luis Potosí y a 61 de Matehuala, en
la poderosa Sierra de Catorce, lo que le da el mejor paisaje de
altura de toda la meseta central de México. Por esta
característica topográfica, las mejores actividades turísticas
son la caminata y la cabalgata a los cerros aledaños, sobre todo
al Cerro del Quemado, centro ceremonial de las etnias huicholas.
Desde allí se extiende todo el
impresionante paisaje del semidesierto hacía los bajos de
Catorce, donde los indígenas recolectan el híkuri, mejor
conocido como peyote, para emplearlo en sus ofrendas sagradas.
En las partes bajas se localiza la reserva natural de Wiricuta,
tierra sagrada de los Wixarrica.
El clima de la región es de tipo seco estepario, con temperaturas
que alcanzan los 42 grados centígrados durante el día, y muy
bajas temperaturas en la noche y madrugada, por lo que conviene
ir conveniente preparado con la vestimenta adecuada, sin faltar
los tenis para las caminatas. El paisaje agreste también se
presta para la fotografía de cactus, nopaleras, matorrales,
cardonales, pastizales, teniendo como fondo las grandes montañas
y el cielo de azul transparente. Respecto a la fauna, también
está conformada por especies desérticas, como las aves de rapiña
y zopilotes, liebres, y las fascinantes pero peligrosas víboras
de cascabel, de propiedades curativas.
Tras el Tunel de Ogarrio
Una vez que se pasa al otro lado del
Túnel de Ogarrio, el paisaje urbano muestra al visitante su
magia del paisaje y la arquitectura, entre calles bien
empedradas que suben y bajan; para llevarnos a todos los sitios
de atractivo interés para los visitantes, como lo es, en primer
lugar, el Jardín Hidalgo, considerado el corazón del pueblo, muy
arbolado y lleno de locales comerciales y restaurantes, en los
que se puede disfrutar de la comida regional y convencional, a
precios razonables.
La suculenta cocina potosina puede degustarse en platillos de
barbacoa o el famoso asado de boda, aderezados con un buen trago
de mezcal, por cierto de muy buena calidad, producido en la
región de Matehuala.
En Real de Catorce también encontramos hoteles limpios y decorosos,
accesibles a todos los bolsillos, todos de carácter familiar y
muy recomendables para descansar de las tensiones que se padecen
en las ciudades.
Este pueblo fantasma ya se ha
hecho mundialmente famoso por las películas internacionales que
se han filmado en sus agrestes escenarios. Los “catorceños” se
sienten orgullosos por haber tenido como visitantes a las
luminarias del cine norteamericano Brad Pitt y Julia Roberts,
entre otras. También hay grupos de “hippies”, que ya viven de
planta como ciudadanos.
A partir del zócalo o Plaza Hidalgo, se puede seguir un bonito y
pausado viaje, sin prisas, sacando fotos, deteniéndose a
platicar con los amigos y guías, etc., empezando por el Templo
de la Purísima Concepción, cuya construcción empezó a fines del
siglo XVIII, en 1793 y se concluyó en 1817. Su estilo
arquitectónico es neoclásico con elementos dóricos y presenta
una bella portada elaborada en cantera. Su planta ostenta la
forma de cruz latina, destacando el piso de tarimas removibles
de madera de mezquite, debajo de las cuales se enterró a los
primeros difuntos del poblado.
Luego hay que ir a las Plazas de
la Carbonera y Centenario, donde se reúnen parte de los
edificios más famosos del lugar, como la Parroquia de la
Inmaculada Concepción o el Palacio Municipal. No deben omitirse
las minas de Dolores, Trompeta y Padre Flores. También están los
Panteones, interesante lugar porque ahí se fincó la primera
capilla del pueblo en 1775 por los franciscanos.
También está el museo parroquial, que resguarda objetos,
fotografías y curiosidades encontradas en las minas y las
construcciones antiguas del pueblo. La Capilla de Guadalupe, a
la salida del pueblo, presenta una sencilla fachada de arco de
medio punto, flanqueada por torres de un solo cuerpo. Construida
en 1770, su interior es de planta de cruz latina y guarda un
interesante conjunto de expresivas pinturas murales que
reproducen varios temas religiosos.
También es digna de visitarse la
Plaza de Toros, construida en el siglo XIX, en cantera rosa,
época de bonanza minera. La acústica del lugar es
extraordinaria, además que desde allí se observa una vista
magnífica del valle y la cañada que rodean al poblado.
Por último, está el Palenque de gallos, erigido en 1863 también en
cantera rosa y en forma de anfiteatro de la época clásica. En él
se presentaron desde peleas de gallos hasta espectáculos
artísticos, en las mismas épocas de bonanza. Hoy es un bello
atractivo arquitectónico, también rodeado de sugerentes vistas
panorámicas.
Días santos
Y para los amantes de las fiestas
religiosas, diremos que en los primeros días de octubre, Real de
Catorce celebra al “Santo Charrito” o San Francisco de Asís. La
fiesta se compone de varios episodios, entre actos devotos y
procesiones. Durante los festejos se realiza una feria a la cual
acuden personas de muchas partes del país y también turismo
extranjero.
El Día de Muertos es especialmente atractivo, pues los cementerios
se llenan de lugareños, llevando a sus difuntos globos, flores,
música, comida, y recuerdos. Siempre se pueden comprar
artesanías huicholas, elaboradas con chaquira.
En suma, el pueblo mágico de Real de Catorce es una buena opción de
paseo para todas las ocasiones, en plan de descanso y familiar.
Hay que tomarse unos tres o cuatro días, para disfrutar
descansadamente de ese destino, comer muy bien, caminar, sacar
muchas fotografías, tomarse una buena cerveza en cualquier
lugar, “abordar” cualquiera de las decenas de caballos que por
todas partes se encuentran a la mano, o ir a conocer sus
festivales religiosos y populares.
En cualquier caso, el turista encontrará la cálida hospitalidad de
los lugareños, como es el caso del grupo de “Caballerangos” y
“Niños Guardianes de Real de Catorce”, encargados de brindar la
mejor recepción a todos los visitantes y cuidar de la magia de
este poblado.
Creditos:
Texto:
Pedro Estrada Vega |
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