La llegada de los Reyes Magos


Reyes Magos 01

Los Tres Reyes Magos

Descubre los mitos y realidades que envuelven a estos tres singulares personajes.

Para quienes practican esta tradición y creen en los Reyes Magos, el buscador de vuelos Skyscanner ha develado algunos secretos sobre ellos.

¿Cuántos eran?

La única referencia en los Evangelios, está en el de Mateo 2. 1-12, pero no se indica cuántos eran los reyes ni de dónde procedían. Algunos creen que pudieron ser 12. Que eran tres y que representaban distintas razas es una idea que llegó mucho después y se incorporó en la tradición como un símbolo de los reyes del mundo para adorar al Hijo de Dios. Se dice que cuando Marco Polo llegó a la región mesopotámica, encontró tres enormes arcos que los lugareños describieron como tumbas levantadas en honor a los tres Reyes Magos, y al parecer Santa Elena, madre de Constantino, quien encontró de todo en Tierra Santa, además de la cruz de Cristo, se trajo los restos de los reyes, que se veneran en Milán y Colonia.

¿En verdad eran reyes y magos?

El evangelio tampoco habla de reyes, aunque sí de magos, que en aquella época, mago era sinónimo de sabio. Esta palabra en castellano viene del griego "magoi" y del latín "magi", que significaban "sabios" y que están indudablemente relacionadas con la palabra persa "magu". Magu era el nombre que tenían los poderosos e influyentes sacerdotes persas de la religión del profeta Zaratustra, también llamado Zoroastro. Así como los hebreos esperaban la llegada del Mesías anunciado por Isaías, los seguidores del profeta Zoroastro también esperaban un Mesías y las fechas pueden coincidir con el nacimiento de Jesús.

Sí venían de Oriente

Lo único claro en los textos bíblicos es que venían de Oriente. Pero de ¿dónde exactamente? No había grandes ciudades en el cercano oeste de Jerusalén que pudieran tener señores tan bien vestidos y con acceso a riquezas. Damasco estaba al norte, Meca y Medina estaban al sur. La hipótesis más acertada y aceptada hoy en día es que vinieron de la región de la antigua Persia que hoy es Irán e Irak. La tradición y pinturas encontradas en las catacumbas cristianas muestran imágenes de los reyes, vestidos con ropas que pertenecían a la aristocracia persa. Otra teoría es que procedían de Yemen y seguían la todavía hoy llamada Ruta del Incienso que unía Egipto con India a través de Arabia.

La estrella de Belem

Hay un evento astronómico y astrológico importante que ocurrió en tiempos del nacimiento de Jesús, la conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. Este fenómeno fue redescubierto por Kepler y esclarecido por el estudioso alemán Paul Schnabel en 1925, cuando pudo descifrar unas tablas con escritura cuneiforme que mencionaban el hecho en los cielos. Este fenómeno ocurrió en el año 7 A.C., fecha que se conjetura fue el verdadero año del nacimiento de Jesús.

Oro, incienso y mirra

Al parecer estos fueron los regalos que los visitantes dejaron al Niño, además de que los tres tenían un alto valor en la época, también son significativos. Los regalos de oro (rey), incienso (espiritualidad) y mirra (muerte), se supone que predecían el destino del Niño: gobernar espiritualmente sobre todos los reyes del mundo y morir algún día en la cruz.

La ruta hoy en día

En el año 2000, dentro de los festejos de cambio de milenio, el californiano Robin Wainwright y otros 60 hombres de distintas religiones se propusieron recrear el viaje de los Reyes Magos. Tardaron 83 días entre preparativos y viaje para llegar a Belén, una ruta de  mil 600 kilómetros. Probaron que un recorrido tan extenso no es imposible si los camellos están bien equipados y se organizan los periodos de marcha y descanso. El entusiasmo los llevó a cruzar por Irak, Siria, Jordania y Cisjordania. La ruta que siguieron fue trazada teniendo en cuenta viejos mapas y relatos de textos antiguos.

Los nombres

Los tres nombres con que hoy los conocemos son tan arbitrarios y ficticios como los que se les dio en otras partes del orbe cristiano: Apellicon, Amerim y Serakin entre los griegos; Kagpha, Badalilma y Badadakharida en Siria; Ator, Sater y Paratoras en Etiopía, etc. En el siglo XVI las nuevas necesidades ecuménicas de la Iglesia católica llevaron a implantar un simbolismo inédito, identificando a los tres magos con los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet que, según el Antiguo Testamento representaban las tres partes del mundo y las tres razas humanas que lo poblaban, según se creía en esos días: europeos, semitas de Asia y africanos. Los americanos o los chinos y japoneses, ya conocidos en el siglo XVI, hubo que ignorarlos porque no se podían inventar nuevos reyes y menos sacarle nuevos hijos a Noé.

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