Papel picado, flores y velas en Día de Muertos


Por José Carlos Díaz
Altar de Día de Muertos

Altar de Día de Muertos

En esta celebración tan mexicana, se mezcla la tristeza por la pérdida de un ser querido, con la alegría de una fiesta de gran colorido y misticismo que va más allá de lo supersticioso.

Una de las festividades religiosas más importantes en México, cuyo origen se encuentra en la cultura prehispánica y luego se fusiona con la religión católica, es el Día de Muertos.

En dicha celebración,  se mezcla la tristeza por  la pérdida de un ser querido,  con la alegría  de una fiesta de gran colorido y misticismo que va más allá de lo supersticioso.

Muchas son las manifestaciones de este festejo en el territorio nacional, tantas como estados conforman la República Mexicana. Sin embargo, tienen un denominador común, venerar a la muerte y a quienes ya han fallecido, a través de coloridos altares y ofrendas.

Día de Muertos en MIxquic

Día de Muertos en MIxquic

La festividad se divide en dos partes, el Día de Todos los Santos que se realiza el 1 de noviembre y la de Los Muertos Mayores que se celebra al día siguiente, es decir, el 2 de noviembre.

La primera,  menor en comparación con la de los muertos mayores, está dedicada a los niños difuntos y a quienes llevaron una vida ejemplar.

Luz que guía

La celebración consiste fundamentalmente,  en poner un altar con diversos elementos. La forma  más sencilla y emotiva suele ser concentrar  a amigos y familiares dentro de las casas, en tanto que, sobre una mesa cubierta con un mantel blanco se exhibe una fotografía de la persona fallecida, adornada  con papel picado, flores, velas, comida, recuerdos e incienso.

El papel suele ser de tonos morado y amarillo, los cuales son símbolo de la unión entre la vida y la muerte. Sus hojas, casi  transparentes,  revolotean en la atmósfera avivándola. Las flores,  que son el elemento principal, son para mantener el ánimo y la alegría en el alma. Las de pétalos blancos representan el cielo, las amarillas, la abundancias de la tierra y las moradas, significan el luto. Las velas con sus tenues llamas,  según la creencia, ayudan a la ascensión del espíritu; también significan la luz para guiar en el infinito camino a los difuntos.

Decoración de lápidas en Mixquic

Decoración de lápidas en Mixquic

Diversidad y respeto

Hay  altares que se colocan en  las iglesias, ya que la religiosidad da coherencia a las comunidades y es lazo de unión entre las familias que se reúnen durante dos o tres días para recordar y festejar a sus difuntos. Igualmente, muchas familias acostumbran realizar  altares al pie de los santos de su devoción para honrar a sus muertos.

Otros, erigen altares que llegan a ocupar los recintos más grandes de sus casas, cuyo espacio es llenado con infinidad de presentes, fotografías, veladoras y cientos de flores que van desprendiendo pétalos, que tapizan el suelo.

Oros más los hacen sobre las lápidas de los camposantos, en donde el sincretismo y la devoción se mezclan en increíble surrealismo, como es el  espectacular  caso del pueblo de Mixquic, a unos cuantos kilómetros de Xochimilco, en el sur de la Ciudad de México.

Ahí los corredores o pasillos entre las tumbas son invadidos por grupos de mariachis y conjuntos musicales que interpretan la música que fue la favorita de los difuntos festejados.

Y mientras la algarabía y la música se confunden, se sirven  viandas y comidas preparadas en grandes cazuelas de barro que son la delicia de los vivos.

Siete niveles

También hay  altares realizados según una tradición muy arraigada que dicta que las ofrendas deben tener siete niveles o escalones que representan los lapsos de tiempos que tiene que pasar el alma del muerto para poder llegar  a la eternidad.

ltar de 7 niveles

Altar de 7 niveles

Estos altares se realizan generalmente en lugares donde existe espacio adecuado, el cual  debe ser barrido, un día antes de la festividad, con hierbas aromáticas, sacudiéndolas y señalando a los cuatro vientos,

Primero se construye el esqueleto  o estructura con cajas de cartón o  madera, procurando que queden bien cimentados los siete niveles. El primero debe quedar a la altura del suelo y sobre él, el segundo y así sucesivamente, formando una pirámide hasta el séptimo nivel. Los escalones deben estar forrados con lienzos negros y mayormente con tela blanca que representa la pureza del cielo.

Cada escalón tiene un significado y debe contener algunos objetos específicos. En el primer escalón, arriba,  se pone la foto o la figura del santo de la devoción. El segundo es para las ánimas del purgatorio. En el tercero se pone sal para los niños del purgatorio, para que según la creencia,  no se corrompan. En el cuarto se pone el “pan de muerto”, adornado con azúcar y rodajas  de ate rojo que simulan las heridas y la sangre del Buen Dios.

El pan debe ser hecho, si es posible, por los parientes del fallecido, ya que es un ritual de consagración. La fruta y la comida que fueron más gustados por el difunto, se colocan en el quinto escalón.

En el sexto peldaño se pone la fotografía del difunto a quien se dedica el altar. En el pasado era una efigie de barro, lo más parecida al difunto.

En el séptimo, al nivel del suelo,  se elabora una cruz de cal, o un rosario hecho de tejocotes y limas.

Ofrenda típica

Ofrenda típica

Agua y pétalos

Las ofrendas que se ponen alrededor de este singular altar son:

  • Cuatro velas principales formando una cruz orientada hacia los cuatro puntos cardinales; una olla de barro sobre un anafre con hierbas aromáticas como albahaca, laurel, romero, manzanilla y otros.
  • Copal para ser quemado,  cuya esencia y aroma significa la presencia de las almas o los espíritus flotantes.
  • Granos de maíz que representan  la cosecha  o la riqueza de la que gozó en vida el difunto y la sal para que no se corrompa el cuerpo etéreo.
  • Frutas como cañas de azúcar, naranjas, tejocotes y jícamas, que son muy abundantes en esta época.
  • Calaveras de azúcar o de barro que son una costumbre indígena.
  • Agua limpia y cristalina que da vida y energía a través del largo camino hacia ultratumba.

Por último, se elabora un camino desde la puerta del recinto hasta el altar alfombrado con pétalos de cempasúchil,  y una vara para defender y liberar el alma del muerto,  del demonio y de los malos espíritus.

Frente a toda esta alegoría, la familia y amigos del difunto deben permanecer en vela durante la noche junto a la tumba o frente al altar, esperando que el espíritu del muerto  descienda y disfrute de su ofrenda.

A pesar de ser un tema que confronta opiniones, esta celebración se lleva a cabo con gran alegría  y buen humor, dándole  un toque de espiritualidad que atesora las tradiciones y honra así, la imaginaria aparición de los difuntos que rondan en los altares.

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