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Bahía Tangolunda
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Puerto de Cruceros |
Como todo destino de playa, ofrece a los visitantes diversas
actividades para practicar, desde pesca deportiva y kayak,
hasta observación de ballenas y aves terrestres y marinas;
así como tours de buceo a barreras coralinas y esnórquel.
Sin embargo, lo mejor de huatulco es su belleza natural y su
serenidad, que todo lo inunda.
En
la alberca volada del pequeño hotel Casa del Mar, una pareja
se abraza y juega al amor silencioso, ese que se construye
con miradas y caricias que los ojos vouyeristas no ven. Una
lenta canción inunda discreta el aire y el sol comienza a
irse sin prisa. Después de la orilla de la piscina sólo hay
precipicio y, más allá, el mar que se sale de la Bahía de
Tangolunda y se esparce inconmensurable por el mundo,
apacible, en calma, dejándose platinar su azul por los
últimos rayos luminosos del día, que ya tiene media pijama
puesta. Entre el filo de la alberca y el lejano horizonte
cabe todo este mar Pacífico. Del otro lado de la bahía, las
tres torres del hotel Las Brisas observan al velero blanco
que despojado de urgencias recorre Tangolunda.
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Hotel Barceló, Huatulco |
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La pareja se
hunde abrazada en el agua y sólo quedan fuera sus rostros,
cara a cara, en un amago de beso. Alberca, pareja, ocaso,
mar y velero, podrían formar la fotografía de un anuncio
que, con este instante congelado en el tiempo, narraría las
bondades de Huatulco.
En las casas vacacionales que pueblan el cerro de enfrente parece
no habitar nadie. El soplo del atardecer mueve apenas la
melena de sus palmeras. Junto a la piscina, en una carpa con
paredes de tela blanca, alguien recibe un masaje mientras
observa todo esto, mientras disfruta de unas manos que le
recorren consintiendo al cuerpo y del paisaje azul, color
que llena la alberca, el océano, el cielo limpio de nubes,
mientras el sol, que no se quiere mojar, prefiere
desaparecer tras las montañas en lugar de caer al mar. Este
lugar, Huatulco, fue el quinto de los cinco destinos
pensados y construidos para el divertimiento y el descanso
en México hace más de tres décadas, y ahora podemos decir
que es el reino de la tranquilidad...
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Santa Cruz |
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Historia
Cuenta la crónica oficial que corría el año de 1969 cuando
los hombres del Banco de México, pioneros del desarrollo
turístico planificado en el país, sobrevolaban las costas de
Oaxaca en busca de opciones para construir ciudades lúdicas.
Entonces descubrieron una sucesión de nueve bahías y
quedaron maravillados frente a su belleza natural. A partir
de ahí, no les quedó la menor duda de que en las Bahías de
Huatulco, ubicadas en la Sierra Madre del Sur, se edificaría
uno de los Centros Integralmente Planeados (CIP), al igual
que Cancún, Los Cabos, Ixtapa y Loreto.
El desarrollo Huatulco, cuyo nombre significa "Lugar donde se adora
al madero", es el más grande los cinco CIP, con una franja
de 35 km. de largo por siete de ancho y una superficie total
de casi 21 mil hectáreas.
Su Plan Maestro de construcción, desde un inicio contempló
el crecimiento en tres etapas y apenas se ha realizado la
primera, que proponía desarrollar las bahías de Chahué,
Santa Cruz y Tangolunda, unidas por un boulevard costero.
En la actualidad, en la última de estas tres se concentra la
mayoría de los principales hoteles del destino, como Camino
Real, Las Brisas, Quinta Real, Gala, Barceló y Casa del Mar.
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Bahía Tangolunda |
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En
busca de Ixtlán
Thierry Faiure Wittwer es un chef francés que parece sacado
de una película de John Huston o Michael Curtiz. Podría ser
Humphrey Bogart en El Halcón Maltés, La Reina Africana o
Casablanca. O un poco de cada personaje, pero con una
razonable ración del humor del que carecía Bogart y del
desenfado que a veces le sobraba. Un duro con buenos
sentimientos, pues. De típico aspecto galo, el pelo revuelto
y la incipiente barba de dos días completan la facha.
Después de aprender el oficio con el chef del Hotel Crillón, en
París, viajó a México a finales de los setenta del siglo
pasado en busca del Ixtlán que Carlos Castaneda prometía a
través de las enseñanzas de don Juan. Y como muchos otros
franceses de esa época, decidió quedarse a vivir en este
país mágico.
Eligió la ciudad de Oaxaca, donde abrió el restaurante Los Chalotes
en el patio del convento de San Pablo, el más antiguo de la
urbe. Pero en 1998 un temblor dañó severamente el inmueble y
decidió emigrar con Tina, su mujer, a las playas de
Huatulco.
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Bahía Tangolunda |
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En este sitio se
hizo de un pequeño hotel: Edén Costa, que por lo diminuto e
íntimo, más bien exuda un ambiente de posada. Se compone de
ocho habitaciones y tres suites alrededor de una alberca y a
media cuadra de la playa Chahué.
Pero lo mejor es su restaurante: L'echalote, con apenas unas
cuantas mesas, pero con la mejor comida de Huatulco. Aquí,
Thierry logró la combinación perfecta para el éxito: una
cocina memorable y bajos precios.
Reticente a hablar de sí mismo y de sus historia personal,
cubriéndose con una nube de misterio, este rincón pareciera
el "Café de Rick", de Casablanca, donde su dueño se refugia
para atender a los comensales y, ¿por qué no?, en algunos
casos tomarse una copa con ellos.
Pasar en L'echalote una velada, platicar con Thierry, dejar que él
aconseje la cena y elija los vinos, mientras la noche se
alarga, es una de las cosas que un turista no puede dejar de
vivir en Huatulco…
Qué más
Como todo destino de playa, Huatulco ofrece a los visitantes
diversas actividades para desarrollar, desde pesca deportiva
y kayak, hasta observación de ballenas y aves terrestres y
marinas; así como tours de buceo y esnórquel.
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Santa Cruz |
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Para conocer los
alrededores se ofrecen expediciones a la Sierra Madre y a
las playas de Zipolite, Puerto Ángel y Mazunte, además de
descenso de río, paseos a caballo y visitas a cascadas,
fincas cafetaleras y comunidades indígenas, donde se dan
cursos de artesanía local.
También, por 200 pesos se contrata un recorrido en catamarán
colectivo, con barra libre al levantar el ancla. El paseo
incluye conocer desde la nave las payas del Amor, Yerbabuena,
La entrega, donde Pitaluga traicionó a Vicente Guerrero; y
Cacaluta. Están programados descensos en dos playas, donde
bajo una palapa es posible comer y beber algo por cuenta
propia.
Zona protegida
Al paso de los años este destino no ha alcanzado el éxito
que se esperaba, por no tener vuelos suficientes ni una
carretera funcional, pero, a su vez, su lento desarrollo lo
ha protegido. Hoy en día la principal comunidad se concentra
en el pueblo de Santa Cruz, a donde hay que ir para conocer
"la Virgen de Guadalupe más grande del mundo" que, pintada
en el techo de la iglesia, ostenta este récord porque así lo
dice el libro de Guiness, afirman orgullosos los lugareños.
También hay que dedicar una tarde a recorrer con calma las
tiendas de artesanías y probar de los diferentes mezcales y
los chapulines enteros que ofrecen gratis para que te animes
a comprar.
Fuera de ahí, todo es bosque tropical caducifolio que envuelve a
los hoteles; por esta razón, en 1998 el gobierno federal
declaró Área Natural Protegida al Parque Nacional Huatulco,
para conservar sus recursos naturales y a las más de 413
especies de plantas, 130 especies y subespecies de
mamíferos, 291 de aves, 72 de reptiles y quince anfibias que
habitan este lugar.
Su mayor atractivo está en sí mismo, en su poco desarrollo y en la
tranquilidad que todo lo inunda.
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