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Su hermosa Catedral

El corazón de una Perla que no para de latir
Con verdadera alma de provinciana, es una ciudad que se ha convertido en gran urbe sin perder su sabor de antaño, las raíces de una sociedad con valores que vive enmarcada en una magnificencia arquitectónica que resalta el atractivo de sus plazas, la belleza de sus mujeres, el cantar de sus fuentes y la gritería de sus chiquillos.


Dentro de sus edificios, verdaderos cofres de cantera que guardan invaluables tesoros artísticos, históricos y culturales, está escrita a cincel o a pinceladas, fundida o biselada, tallada o simplemente flotando en el ambiente, la historia desde sus días como capital de la Nueva Galicia hasta erguirse majestuosa como lo es en la actualidad.
   Es sin duda la ciudad más mexicana, ya que lleva en sus venas el zumo fermentado del agave azul y parece moverse al son del mariachi mientras el viento dibuja en sus laureles suertes charras; tiene sabor a lo nuestro y como tal se refleja ante el mundo.

El Centro Cultural Cabañas

Histórica y noble
Su centro histórico, donde se encuentran estos arcones admirables, es un mosaico de magníficos recintos. Su toponimia proviene del árabe Wad-al-hid-jara y se debe a Juan de Oñate, a quien Nuño Beltrán encargó fundar una villa en occidente mientras él continuaba la conquista de México dirigiéndose hacia el norte.
   Reubicada una y otra vez por la rebeldía de los naturales cascanes, aún siendo reconocida por el rey Carlos V como ciudad, Guadalajara no pudo establecerse sino hasta 1542, el 14 de febrero, con una población de 240 habitantes.
   De ahí en adelante, la historia no deja nichos sin llenar con pasajes importantes; entre batallas y movimientos sociales y religiosos; entre vuelos de realeza y sudor de jimadores, la ciudad fue forjándose una historia apasionante que puede sentirse en sus edificios coloniales.

Arquitectura religiosa a granel
Los templos son, sin duda alguna, un claro ejemplo de ello y al andar por las calles del corazón tapatío aparecen una y otra vez, mostrándonos la grandeza con que fueron construidos; no en balde a Guadalajara se le llamaba la “ciudad conventual”. El principal por supuesto es la Catedral, con su gótico y bello interior. Su construcción fue ordenada por el rey de España en 1561 y continuó hasta 1716, año en que fue consagrada, tras terminarla el Arquitecto Martín Casillas, quien también dirigió la obra de la catedral de México.

El Teatro Degollado

   Su fachada principal es una de las más bellas obras de cantera. Sobre la cornisa, se encuentran tres esculturas: la Virgen de la Asunción, San Pedro y San Pablo.
   Los remates de sus torres no son los originales, ya que un sismo los derribó en 1818. Su historia es pintoresca, ya que se dice que el obispo Aranda y Carpintero comía en un plato con unas torres góticas europeas y de ahí le surgió la idea de construir los remates actuales; las torres se edificaron con piedra pómez, recubriéndose con azulejos; fueron terminadas en 1854. Al lado derecho de la Catedral se ubica el Sagrario, con un frontón donde aparecen la fe, la esperanza y la caridad.

Templo de Aranzazú

   Otro templo digno de ser visitado es San Felipe Neri, admirable construcción iniciada en el año de 1752 y concluida cincuenta años más tarde. Está considerado como uno de los mejores templos barrocos del occidente de México.
   El Templo de San Francisco de Asís es otra de las joyas arquitectónicas de estilo barroco, que junto con otra no menos bella, la Iglesia de la virgen de Aranzazú, y otras cuatro capillas hoy desaparecidas, formaron parte del convento franciscano.
   La historia nos sigue envolviendo y en su devenir nos encontramos con Santa María de Gracia, ubicado a un lado del Teatro Degollado, donde estuviera el templo de San Miguel, siendo la primera catedral de Guadalajara. La construcción del templo actual se inició en 1661, como parte del convento de las dominicas.
Imposible dejar de nombrar otros como La Merced, construido entre 1650 y 1721. La portada principal es de estilo barroco y en el atrio se encuentra una magnífica escultura en mármol blanco de la Inmaculada Concepción.
   Más antiguo es el templo y ex convento de San Agustín, que data de 1573; de un estilo barroco austero, representa perfectamente las construcciones de la orden de los Agustinos; anexo al templo, se encuentra el ex convento, hoy Escuela de Música de la U de G.
   Con un elegante estilo neoclásico del siglo XIX, se edificó el templo de San José de Gracia, en el lugar que ocupaba el antiguo convento de Sto. Domingo. Es otro templo que vale la pena visitar y en esa gira, no puedes dejar de admirar el templo de San Juan de Dios, construido en 1551 junto con un convento, del que aún se observa parte del claustro con sus arcos, balcones y gárgolas.
   Podríamos mencionar muchos otros ejemplos del arte arquitectónico eclesiástico de la ciudad, en un viaje casi interminable, pero Guadalajara tiene en su centro histórico un gran conjunto de obra civil también de admirable valía.

Palacio de Gobierno

Mural de la Independencia en el Palacio de Gobierno

La obra civil, valor arquitectónico
El Palacio de Gobierno es digno representante de este tipo de construcciones y testigo de importantes sucesos de la historia. Entrar en él es abrir un libro pletórico de hechos trascendentes; es situarse en el espacio de aquellos momentos, revivirlos y formar parte de ellos. Construido primitivamente de adobe, en 1650, fue sede de la Audiencia de la Nueva Galicia hasta ser derrumbado por un terremoto en 1752. Se reconstruyó completamente en cantera, terminándose en 1790. En la fachada muestra sus dos niveles con una dignidad acorde a sus funciones y en su interior, podemos observar en la escalera principal una de las obras más bellas del destacado muralista Clemente Orozco, con motivos que destacan al centro la figura de Hidalgo que lleva la tea ardiente de la libertad, flanqueado por diversas escenas sociales.
   En el segundo nivel, otro mural del mismo autor, muestra los tres grandes movimientos revolucionarios de México: Independencia, Reforma y Revolución. El edificio ha sido en dos ocasiones Palacio Nacional; en él residió Miguel Hidalgo; posteriormente Benito Juárez y fue ahí que estuvo a punto de ser asesinado por los reaccionarios, detenidos por el famoso discurso de Guillermo Prieto: “Los valientes no asesinan”.
   Al otro lado, cruzando la Plaza de la Liberación, se puede observar el Palacio Legislativo, que fuera casa del obispo Juan Gómez de Parada, para después ser la Real Fábrica de Tabaco. Su fachada de estilo neoclásico es realmente interesante.
   A un lado está el Palacio de Justicia. Fue convento en 1590, cuando se construyó, y también fungió como Liceo para Señoritas, hasta tener sus actuales funciones a partir de 1952. Se aprecia en el cubo de su escalera un mural elaborado por el tapatío Guillermo Chávez, que representa la Reforma y la Constitución, además de una mujer que caracteriza a la justicia.
   Del otro lado de la avenida Alcalde está el Palacio Municipal, situado en donde fue la casa del Marqués de Pánuco, que después de reconstruida sirvió de Casa de Moneda.

La Plaza de Armas

Plazas y parques son una verbena
La Catedral es el centro de una “cruz” formada por cuatro plazas que le dan mayor esplendor a los mencionados edificios.
   Al oeste, frente a ella, se encuentra la Plaza Guadalajara, antes llamada de los Laureles, ya que en sus jardines crecen estos árboles que amalgaman naturaleza, piedra y hombre. Al cumplir la “perla de occidente” 450 años de su fundación, se le dio su nueva denominación; al este, viendo hacia el ábside de la Catedral, se encuentra la Plaza de la Liberación. Una escultura representa a Hidalgo rompiendo las cadenas de la esclavitud, lo que le da su nombre; viendo al norte nos hallamos con la Rotonda de los Hombres Ilustres, rodeada por estatuas de bronce de los hijos pródigos de Jalisco; al sur está la Plaza de Armas, la más bella de este conjunto de entornos donde la sociedad palpita día con día.
   Hasta antes del siglo XX era el centro obligado de reunión, siendo su atractivo hasta la fecha el kiosco traído desde Francia en tiempos de Porfirio Díaz, donde pueden escucharse igual que antaño las vespertinas serenatas. Las estaciones del año, levantadas sobre pedestales representadas por mujeres de bronce, miran a los puntos cardinales.
   Aquella con un búcaro de flores en su mano izquierda es la primavera; la de un seno descubierto y coronada de espigas el verano; la que se muestra pensativa es el otoño y la más pudorosa, ataviada con un traje que la cubre del todo, caracteriza al invierno, dando a la plaza un encanto sin igual.
   Mucho más actual es la Plaza Tapatía, conformada por varias plazuelas, jardines, paseos y fuentes que dan espacio para la cultura al igual que el recreo. De ellas llama la atención la Plaza de los Fundadores. Ahí están las estatuas de Beatriz Hernández -mujer que decidió el lugar de fundación de la ciudad-, y de su primer alcalde, Don Miguel de Ibarra.

Fuente "La Minerva"

   Los edificios culturales del centro Histórico podrían ser motivo de un reportaje aparte, mas no es posible hablar de esta ciudad sin mencionar al Teatro Degollado, cuya primera piedra se asentó en 1856, inaugurándose 10 años después con la ópera “Lucia de Lammemoor”, figurando en el reparto la soprano mexicana Ángela Peralta. Fue reinaugurado en 1964, siendo interpretada esta vez la 9a sinfonía de Beethoven, por la Sinfónica de Guadalajara.
   Basado en la Scala de Milán, sus columnas y el realzado escultórico de Apolo y las nueve musas, lo hacen una maravilla.
   A tan solo unas calles, se alcanza a distinguir una obra maestra de arquitectura colonial; su grandeza puede suponerse en nuestros días contraria a su función inicial: darle albergue a los niños huérfanos y personas desamparadas. Su nombre entonces describía su fin: Casa de la Misericordia; hoy lleva el apelativo de su fundador, es el Hospicio Cabañas, creación de Manuel Tolsá, que en la capilla tiene plasmado el talento de José Clemente Orozco, destacando en ella la que muchos consideran la mejor realización del artista, el “Hombre de fuego”, que decora la cúpula. Hoy, es un espacio cultural de primer orden para la ciudad y el país.

La Universidad de Guadalajara

   Dos obras más son imposibles de pasar por alto: La Biblioteca Iberoamericana, ubicada en lo que fue el templo del colegio jesuita, fundado en 1591. En su nave principal, donde se encuentran los libreros, se pueden observar murales de 1925, creación de Amado de la Cueva y Siqueiros.
   El otro motivo de mención es la Rectoría de la Universidad de Guadalajara, de elegante estilo netamente ecléctico francés, construido en 1918 como recinto escolar, aunque después fue sede del Palacio Legislativo. Todo el edificio es de gran belleza, ya por sus detalles que nos remiten al Palacio de Bellas Artes, en México, o por su fachada que le da un aire de realeza y un sentido intelectual que se mezclan sin recelo. Orozco dejó en este edificio dos obras, donde el pueblo y el hombre son los motivos principales.

Vidrio soplado de Tonalá

Más que un lema, una historia
Reza el grabado que se encuentra en la fuente de la Minerva: “Justicia, Sabiduría y Fortaleza custodian a esta leal ciudad” y aunque esta moderna glorieta se encuentra en la Ave. López Mateos, fuera del corazón histórico de la ciudad, sus palabras parecen reflejar todo lo visto en él, donde cada edificio en su cantera fría, cada ojo de agua con sus tibias aguas y cada tapatío con su cálida sonrisa, nos recuerdan que en Guadalajara el trato es justo, su historia es sabia y su arquitectura tiene la fortaleza de una entidad que se erigió con el afán único de ser leal, meta que sin duda, ha sido rebasada.

Compras y diversión
Tlaquepaque, en la actualidad conocido como Tierra de Artesanos o Alma de México, tiene para quien goza de ir de compras, infinidad de tiendas de cerámica, barro, vidrio soplado, muebles rústicos, latón, telas, joyería fina de plata y oro, artículos de piel, dulces regionales y todo tipo de artesanías nacionales.
   Tonalá, lugar por donde sale el sol y la Cuna Alfarera de Jalisco, ofrece un oasis repleto de costumbres, tradiciones y música que danza al ritmo de los Tastoanes.
   Para quien gusta del buen comer, en Zapopan, encontrará pozole, tamales, gorditas, sopitos, chalupas, enchiladas, quesadillas, el tejuino, que es una bebida popular y muy solicitada.
   En fin, el espacio siempre es corto para describir una ciudad como Guadalajara, hermosa y pujante, bien llamada la Perla de Occidente que cautiva a propios y extranjeros y que siempre es algo más que mariachis y tequila.

Mapa del Centro de Guadalajara
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Créditos:
Texto:
Eduardo Juárez Cortés