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A sólo hora y
media de la ciudad de Guadalajara, se encuentra un poblado que vio
nacer la cultura en Jalisco, Teuchitlán, cuya magia se siente desde
que llegas, te sientas alrededor de su quiosco de singular
arquitectura y te dejas envolver por su muy particular gama de
sonidos, que entremezclan graznidos con risas y cantares lejanos.
Cerca de esta
comunidad, cuyo nombre se deriva de la voz Teotzitlán o
Teutzitlán, que se interpreta como "lugar del dios Tenoch", allá
en las alturas de su lomerío vecino, se encuentra la más
importante zona arqueológica de Jalisco, aunque no la única, ya
que se calcula que en el territorio estatal se encuentran
alrededor de 2 mil asentamientos, que van desde mínimas zonas de
descanso donde quedó huella de la presencia humana, hasta
centros ceremoniales como el que hoy nos ocupa, conocido como
Los Guachimontones.
En realidad, es poco lo que se sabe
acerca del sitio, ya que su descubrimiento data apenas de 1970 y su
estudio y recuperación comenzaron en 1996, lo que en arqueología
representa un periodo muy breve para lograr un estudio profundo. Sin
embargo, se conocen datos de gran interés acerca de la zona y día
con día, bajo la dirección de Phil Weigand, su esposa Arcelia garcía
y su equipo de investigación, se van descubriendo nuevos datos que
nos van sorprendiendo y nos ilustran acerca de esta civilización,
conocida como Tradición Teuchitlán, que tuvo su auge entre los años
200 y 400 d.C. y desapareció hacia el 900 d.C, aunque se sabe que su
antigüedad es de más de 2 mil años.
Los Guachimontones tiene poco que ver con los centros arqueológicos
conocidos en México, ya que su arquitectura puede sólo compararse
con algunas representaciones del altiplano central como Cuicuilco;
paradójicamente también tiene coincidencias asombrosas, como el
juego de pelota -de los mayores de mesoamérica- y su sistema de
riego, apenas comparables con la magnitud del juego de Chichen Itzá
y la ingeniería hidráulica de Calakmul; el primero, sitio maya del
periodo post clásico en Yucatán y el segundo del Clásico tardío de
la misma civilización, pero en Campeche.
El nombre de este asentamiento tiene
dos teorías en cuanto a su toponimia: Se dice por ejemplo -y es la
versión más aceptada-que proviene del náhuatl Huaxe (guaje),
combinado con el castellano montón, lo que le daría el significado
de Montón de Guajes (aunque no se especifica si se refiere al árbol
o a la pieza artesanal usada como cantimplora y otras utilerías);
sin embargo, el profesor Weigand asegura que el idioma del lugar
podría haber sido el totorame o el chibcha, lo que cambiaría el
significado del nombre a "lugar cerrado". La lengua totorame es una
variante del cora nayarita y el pueblo era pacífico y no tuvo
grandes ciudades, lo que hace pensar en cómo la Tradición Teuchitlán
pudo haber adoptado su dialecto, aunque geográficamente es muy
factible; en cuanto a los chibchas, es un grupo de origen
sudamericano y aunque el contacto de mayas y otras civilizaciones
con el sur del continente está documentado, no existe un claro nexo
entre ellos y el occidente de México.
Pero cualquiera que sea el origen de su nombre, lo que sobresale es
la forma de construcción de este centro ceremonial, en el que se
calcula que habitaban 40,000 naturales.
Sus 19 hectáreas comprenden estructuras circulares concéntricas
hechas con tierra y arena apisonadas, además de piedras, adobe y cal
para los edificios mayores, cuya arquitectura se basa en una
pirámide principal integrada por dos niveles diferenciados,
divididos por una banqueta superior. que en realidad era un altar
grande.
Diversos niveles concéntricos
escalonados, con orientación cardinal e ínter cardinal; un eje
vertical que conecta el cielo, la tierra y el inframundo; un bordo
circundante que corresponde al horizonte; postes funcionales como
reloj de sol o estructuras altas que marcaban las posiciones del sol
en el solsticio y el equinoccio y cuatro escalinatas que en una
forma connotativa religiosa evocan al viento, el agua, el fuego y la
tierra, que daban acceso a los sacerdotes y la clase dominante.
En la planta baja, alrededor de la estructura circular, había una
plataforma con una banqueta a la que se conoce como patio y a su
alrededor, cuenta con diversos números de plataformas rectangulares
donde se asentaban las chozas y de donde el pueblo podía observar
mejor los actos religiosos y los de gobierno que se realizaban.
El llamado Círculo II o la Iguana, como se le conoce, es el segundo
más grande y el mejor conservado. Su espectacular diámetro alcanza
los 115 m. y tiene un perímetro de 360 m. En su caso, está rodeado
de 10 plataformas, y tres de ellas se encuentran agrupadas sobre una
base común. Otras pirámide más pequeñas, tenían en su cima un poste
para la ceremonia de los "voladores", tal como se puede apreciar en
diversas piezas de orfebrería local.
El sitio, se cree que fue designado para rendir tributo al Dios
Ehécatl, que era el dios del viento, una de las deidades principales
de la Tradición en Teuchitlán.
Como parte de la zona al pié del volcán Tequila, que también
incluye Teuchitlán, formando el área que fue designada, junto con
los paisajes agaveros que la rodean, como uno de los sitios que
fueron nombrados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, el
12 de julio de 2006.
Con su complejo sistema de
organización social, dejó un legado en su traza urbana; con los
vestigios de un pueblo dedicado en gran parte a trabajar la
obsidiana, el cobre, el oro, la plata y la malaquita; con su exacto
conocimiento astronómico (los 52 escalones de la pirámide principal
son un calendario infalible), los Guachimontones son un atractivo
más del bello estado de Jalisco, enclavado además en una de sus
zonas con mayor encanto paisajístico.
Para visitar el área toma en Guadalajara la salida hacia Puerto
Vallarta libre, continúa hacia Tala y vira en la desviación a
Teuchitlan, donde podrás contratar un guía que te lleve a la zona
arqueológica; ya ahí, te invitamos a transportarte en el tiempo; a
imaginar la vida cotidiana de una cultura de la que aún quedan
muchas interrogantes por contestar y que por eso mismo resulta
enigmática y por demás interesante, al igual que los poblados que la
rodean: Tala, Ameca, Ahualco, San Juanito, Etzatlán y San Marcos,
Todos dignos de ser visitados para completar tu mágica aventura por
esta zona, en la que no sabrás qué te embriaga más: si su tequila o
su magnífica historia.
Créditos:
Texto:
Eduardo Juárez Cortés
Fotos: Tonatiuh Figueroa |
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