Los murales mayas de San Bartolo


Por Claudio Obregón Clairin
Murales Mayas de San Bartolo

Señor (Hunahpú). Fragmento de uno de los murales de San Bartolo

Estos murales fueron pintados hacia el año 200 a. de C, denotan un universo religioso profundo y una compleja estructura social y religiosa que nos permite conocer los orígenes religiosos y míticos de los mayas.

En 2004, el arqueólogo William Saturno laboraba en su centro de investigaciones ubicado en Antigua, Guatemala y le informaron que unos saqueadores estaban hurtando estelas y excavando zanjas en los templos de la zona arqueológica de San Bartolo, situada en el Petén Guatemalteco, al Norte de Tikal, en un punto cercano a la frontera que comparten México, Belice y Guatemala. Saturno tomó la decisión de partir inmediatamente a San Bartolo en compañía de su equipo, pero su vehículo se descompuso en medio de la exuberante vegetación tropical, se les acabó el agua y cuando el sol, los mosquitos y la humedad de la selva se tornaron insufribles, se percataron que estaban perdidos.

Deambularon sin rumbo fijo durante varios días y llegaron exhaustos a San Bartolo, desilusionados, constataron que las estelas habían desaparecido… en ellas, se encontrarían textos jeroglíficos y quizá algunas reveladoras imágenes de los primeros ahauob (reyes-mayas).

Murales Mayas de San Bartolo

Figura 1

El descubrimiento

Molesto, William Saturno decidió refugiarse del radiante sol en una de los túneles que previamente los saqueadores habían excavado en el costado de una de las Montañas Mágicas que los mayas que llamaron Witz -actualmente, las nombramos pirámides-; contrariado, William Saturno reflexionaba sobre la fragilidad de la condición humana y la de los objetos del pasado, alzó su mirada sobre el muro excavado y descubrió un fragmento de pintura mural con la imagen de un personaje que más que maya…parecía olmeca (fig.1).


Llamó a sus compañeros de expedición para mostrarles su descubrimiento y más tarde regresaron a Antigua, desde donde Saturno se puso en contacto con la National Geographic, la cual patrocinó el salvamento de Los Murales de San Bartolo -aún continúan los trabajos de consolidación y está cerrado el acceso al público-. Se trata de las pinturas murales mayas más antiguas hasta hoy día encontradas y podemos considerarlas como verdaderas obras maestras de la plástica Maya.

Orígenes míticos

Los murales de San Bartolo fueron pintados hacia el año 200 a. de C, denotan un universo religioso profundo y una compleja estructura social y religiosa que además de permitirnos conocer los orígenes religiosos y míticos de los mayas, igualmente nos demuestran que el periodo de tiempo que los arqueólogos nombran Preclásico, erróneamente ha sido ubicado como un espacio temporal en el que los mayas fueron simples adoradores de las fuerzas vitales de la naturaleza.

El contenido y las técnicas que nos revelan estas pinturas, muestran a una sociedad que logró un altísimo nivel artístico producto de una exitosa organización religiosa y política.

Murales Mayas de San Bartolo

Figura 2

La primera imagen que quedó descubierta fue la del Dios del Maíz, los ahauob (reyes) se sentían emparentados con él y, al igual que todas las civilizaciones precolombinas, los mayas creían que los seres humanos estamos hechos de maíz, es por ello que los mayas históricos practicaban la deformación cónica de sus  cráneos, para que reprodujera a las mazorcas de maíz.

Los mayas heredaron de los pueblos olmecas y zoques los calendarios, el conocimiento de los movimientos celestes, la matemática, el concepto del cero, usos y costumbres, así como la estructura política comandada por un rey divino llamado ahau.

Los olmecas se formaron de muchos pueblos y no se limitaron al Golfo de México, encontramos su influencia cultural en El Salvador, en el Valle del Anáhuac y en los estados de Guerrero, Morelos, Puebla e Hidalgo. Hacia el año 900 a. de C, la capital olmeca, San Lorenzo, se derrumbó y algunos pueblos como los zoques y los mayas iniciaron una cierta independencia comercial y política pero mantuvieron los mismos valores religiosos y una dependencia cultural hacia “lo olmeca”.

Hacia el año 600 a. de C, despuntó la ciudad de La Venta como un sitio de poder pero sucumbió alrededor del año 400 a de C, fue entonces, cuando los mayas iniciaron un desarrollo de manera independiente y surgieron las primeras grandes ciudades como El Mirador, Nakbé y San Bartolo.

Los murales están fechados hacia el 200 o 150 a. de C, se localizan en el interior de un aposento real situado junto a un enorme Witz. El crecimiento económico de la urbe maya que hoy llamamos San Bartolo, requirió agrandar su Witz y, consecuentemente, el aposento con las pinturas fue sepultado (fig.2)

Dos mil años después, los saqueadores excavaron un túnel para llegar al centro de la pirámide en búsqueda de una tumba real, nada encontraron y pasaron de largo por las pinturas, semanas después llegó William Saturno y descubrió al Dios del Maíz con rostro olmeca.

Murales Mayas de San Bartolo

Figura 3

Descripción del Mural del Dios del Maíz

En el dibujo (fig.3) del lado izquierdo aparece una Montaña Mágica compuesta de piedras, animales y plantas, de ella sale una mujer que tiene entre sus manos un plato cónico con tres bolas que según el maestro Nikolai Grube son las primeras representaciones de tamales y, delante a ella, un hombre con rostro oscuro ofrece un “bule o guaje” que contiene agua, el Dios del Maíz lo recibe con sus manos y voltea para dárselo a una de sus asistentes que de rodillas espera el arribo del preciado líquido, en tanto, otra mujer flota arriba de la primera, es la consorte del Dios del Maíz y está vestida de color rojo porque el rojo es el símbolo del Ch´ulel que significa la “energía vital” así como un vehículo para aproximarse a lo sagrado; consecuentemente, las pirámides fueron pintadas de color rojo.

Las dinastía mayas vincularon su existencia con el Ch´ulel  y ya sea por descendencia divina o por apetito divino, la sangre sustentó el poder de las dinastías que gobernaron a través del régimen de los Ahauob el Mundo Maya desde sus primeras expresiones en Izapa hacia el 600 a. de C. hasta el final del Periodo Clásico en el 909 d. C.

El maíz precisa del agua, es cíclico, necesita de la mano de los seres humanos para reproducirse, no es un producto que se encuentra en la naturaleza, fue domesticado con el esfuerzo de varias generaciones y por ello se le consideró divino.

El grano del maíz germina, crece y muere, entre los mayas, al Dios del Maíz le sucedía lo mismo y, en las pinturas de San Bartolo descendió para recibir las ofrendas, comulgó con la Montaña Mágica de donde emergía el hálito divino de Chac Xib’ Chaac,  quien desde los cenotes y las cuevas enviaba el agua necesaria para la formación de las lluvias.

Murales Mayas de San Bartolo

Figura 4

El Witz de los murales de San Bartolo es muy particular ya que justo detrás de la mujer con los tamales aparece una estalactita que al mismo tiempo es el colmillo de una serpiente que abre sus fauces de donde emergen el hálito divino del dios de la lluvia y los seres humanos que portan ofrendas (fig.4). En la cima de la Montaña Mágica hay dos serpientes, la  del lado izquierdo se ha devorado un ave que al vuelo pasaba delante a ella y por ello salpica Ch´ulel de sus fauces, en el universo religioso maya, todo lo que es sagrado se pintó de rojo.

El personaje delante al Dios del Maíz porta una enigmática cola, desde su rostro aparecen unas volutas de Ch´ulel y una de las dos líneas curvas que están delante de su rostro es negra porque simboliza la combustión y el carbón que se registra al quemar la selva para lograr sembrar entre las piedras, El símbolo que asemeja una lengua de serpiente bífida también aparece detrás de la mujer de los tamales y, como dijimos, es el hálito divino de la entidad que generaba las lluvias, pues bien, este curioso símbolo, en realidad es un jeroglífico y se lee K´ak´ que significa “fuego, humeante o cálido” tal y como el aliento de los seres terrestres y divinos.

Pinturas en movimiento

Los mayas representaron al movimiento en sus pinturas, es decir, lo que nosotros creemos que es un instante impreso para la posteridad, en realidad, es una pintura en movimiento. Desde hace algunos años me he percatado que en estelas, vasijas y murales mayas… las aves se mueven.

Observemos el nido de las aves que conocemos con el nombre de  yuyas (de la familia de las oropéndolas) ubicado en la parte superior de la pintura, justo en la punta de las ramas de los árboles (fig.4), el diseño no ofrece resistencia al viento y a la lluvia, al construirlo, las yuyas dejan algunos filamentos en la parte inferior del nido para que cuando llueva, el agua pueda escurrir y secarse más rápido, pero lo realmente sorprendente de estas aves, es que anudan, es decir, con las ramas no solamente entretejen de manera precisa sino que además hacen nudos valiéndose de sus picos y de  sus patas. Estos pájaros tienen un plumaje amarillo con tintes negros, y logran mantenerse en un vuelo casi estacionario, como podemos apreciar en este mural maya (fig.5).

Murales Mayas de San Bartolo

Figura 5

Pero veamos bien, son tres aves y eso no es funcional, el nido lo construye un solo macho, además,  entre las yuyas es importante construir un nido resistente porque las hembras seleccionan al macho en función de sus habilidades arquitectónicas mas no por su apariencia, así que es imposible que tres machos oropéndolas  construyan un nido, se trata entonces de la misma ave representada en tres movimientos mientras construye su nido.

El arte maya nos sorprende con el movimiento estacionario, pero aún hay más, si observamos bien, los artistas mayas representaron cuatro y no tres movimientos, el cuarto movimiento del ave es su Ch´ulel que se esparce por el viento, sucede que cuando la yuya se regodeaba en la construcción de su nido tuvo el infortunio de aproximarse al acantilado de la Montaña Mágica y fue devorada por un tigrillo  que la acechaba, rastros de su Ch´ulel aún emergen de la boca del temible felino (fig.5).

En el universo mitológico que recrearon los mayas históricos, en un principio fue la oscuridad y luego el movimiento, en ese contexto reflexiono que “el movimiento no es bueno ni malo, tan sólo se mueve y nosotros con él” por ello, considero que nuestros mayores expresaron en su Arte Sacro una relación con la naturaleza en la que la intuición predomina sobre la razón.

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