Estela 31 de Tikal
A mediados del siglo pasado, J. Eric S. Thompson publicó “A Catalog of Maya Hieroglyphs”, asumiendo el cetro de la autoridad entre los primeros mayistas, al clasificar 856 jeroglíficos. Desafortunadamente, su soberbia lo cegó y sus argumentos frenaron el estudio jeroglífico maya durante varias décadas.
Por Claudio Obregón Clairin
Heinrich Berlin realizó el extraordinario descubrimiento de los glifos emblemas de cada Ciudad Estado Maya, evidenciando alianzas, matrimonios, guerras y sacrificios entre los nobles de distintas dinastías. La extraordinaria dibujante ruso-norteamericana, Tatiana Proskouriakoff, reconoció que el tiempo transcurrido en las inscripciones de cada estela de Yaxchilán no excede un periodo de 60 años, propuso entonces que los textos narraban la vida, las guerras y las obras de dignatarios. Rastreó la historia de las dinastías de Tikal y en esa misma ciudad interpretó la estela 31 donde quedó grabada la vida del famoso Ahau (rey maya) Siyaj Chan K´ahuiil II conocido también como Cielo Tormentoso, Tatiana trabajó intensamente en la clasificación y lectura de los jeroglíficos mayas escritos en las estelas de Piedras Negras y Quiriguá.
J. Eric S. Thompson
El mito y la proeza
Yuri Valentinovich Knorosov era soldado del ejército ruso cuando al final de la Segunda Guerra Mundial los rusos tomaron la ciudad de Berlín… más tarde nació la leyenda de que cuando la Biblioteca Nacional se incendiaba, Knorosov tuvo la osadía de introducirse entre las llamas para rescatar algunos documentos y milagrosamente logró recuperar un libro con las copias de los códices Dresden y Madrid, impresos en 1933 por los guatemaltecos Antonio y Carlos Villacorta.
Tatiana Proskouriakoff
El maestro Knorosov comentó que en realidad, el ejemplar de los hermanos Villacorta lo encontró en unos estantes dispuestos en la calle y que con toda calma lo colocó bajo el brazo. Yuri era políglota y conocedor de escrituras antiguas, los estudios que realizó años después sobre las copias guatemaltecas de los códices Dresden y Madrid, nos dieron la pauta para realmente leer y comprender los jeroglíficos mayas.
Yuri Valentinovich Knorosov
Hubo un tiempo en que Thompson -por envidioso- hacía berrinche y lanzaba la aplanadora en contra de Knorosov, quien sencillamente se refugiaba en los estudios de los mayas, Thompson y Knorosov fueron víctimas y cómplices de los intereses de las superpotencias por el copyright de la interpretación de la historia, pero en la lucha idea contra idea, ganó siempre Knorosov.
Sostuvo el ilustre ruso que los signos que recopiló Landa no son alfabéticos sino silábicos, con sus necesarias excepciones cada signo representa una combinación de una consonante-vocal como la escritura japonesa Kana. Knorosov propuso: 1) Los signos pueden tener más de una función, en ocasiones fonético a veces un morfema. 2) los signos que representaban morfemas podían incorporar otros signos fonéticos 3) el orden de la escritura no es rígido y puede invertirse con fines caligráficos o estéticos.
Copia del Código Dresde, Museo Nacional de Antropología e Historia
El maestro Knorosov descubrió también que en la página 41 del códice Madrid, los dioses vienen acompañados de signos silábicos y se pronuncian eliminando la última vocal, por ejemplo: la palabra pavo se compone de los signos cu y tzu pronunciándose cu-tz (u).
De ahí partió el maestro Valentinovich para deshilachar la intrincada escritura jeroglífica maya argumentando que “la construcción de las oraciones se basan en un verbo-sujeto o verbo-complemento directo-sujeto, dedujo también que los adjetivos se anteponen al concepto que se refieren y que los adverbios se anteponen al verbo. Las expresiones de tiempo van antes o después de la frase o de la palabra que las acompañan”.
Yuri fue un gran hombre y, a pesar de que las amenazas y las bombas lo persiguieron hasta en su visita a Guatemala, en el invierno de su vida, pudo visitar las ciudades mayas que tanto había estudiado.
Las Mesas de Palenque y la actualidad
El 14 de diciembre de 1973 se inauguró la Primera Mesa Redonda de Palenque, y en ella participaron; Gillett Griffin, director de Arte Precolombino del Museo de Arte de Princeton, Linda Schele, Moisés Morales, Jeff Miller, Larry Bardawil y David Joralemon.
Linda Schele
Doctos y oportunistas se propusieron -y lograron- condensar sus estudios técnicos y sus intuiciones mágicas para iniciar en Palenque, Chiapas “El primer intercambio organizado de conocimiento sobre los jeroglíficos mayas” en la primera Mesa Redonda de Palenque. Durante la segunda Mesa Redonda hubo una feroz batalla de ideas… se trenzaron en una esquina, Alberto Ruz Lhuillier (descubridor de la tumba del Ahau K´inich Janaab´ Pakal K´in también conocido como Pakal en el interior del Templo de las Inscripciones, Palenque, Chiapas) y en la otra esquina, la juvenil Linda Shele. El momento climático de la reunión lo protagonizó la futura reina de Austin, quien se atrevió a compartir la intuición de que un glifo que estaban analizando, era un verbo…
¿Y cómo puede demostrarlo? preguntó Alberto Ruz. Linda se sentó en silencio y juró para sus interiores demostrar porqué era un verbo, pasaron los años, Alberto ya no pudo testimoniarlo pero en 1993, Linda Shele apareció en el marco de un encuentro de reflexión sobre tópicos de la historia mexicana conducido por Octavio Paz. Aquélla noche, Linda Shele mostró seguridad ante las cámaras e hizo gala de un sobrado dominio del chol y del mexicano; ante nuestro asombro, leyó de corrido el tablero completo de los 96 glifos de Palenque… Recordemos un poco de lo que tradujo la maestra Shele: Los mayas escribieron con metáforas y por ejemplo, para expresar la frase “Fue entonces” escribieron “Así como el viento está opuesto al agua…” o también “Así como Venus está opuesto a la Luna…”.
Heinrich Berlin
Hoy sabemos que los jeroglíficos son agrupaciones fonéticas de prefijos, superfijos, sufijos y posfijos que rodean a los signos principales que regularmente significan emblemas, capturas, fechas, muerte, nacimiento, naguales, ascensión al trono, títulos y también los nombres de los artistas que recreaban el conocimiento en la piedra
calcárea.
En Austin, San Petesburgo, Berlín, Tokio, en el INAH y en la UNAM existen centros de estudios mayas donde se recopila e interpreta la iconografía de la Civilización Maya. Los textos de la Escritura Jeroglífica Maya resaltan los valores militares y sagrados de las dinastías que gobernaron a los hombres con la venia de los dioses, Existen connotados epigrafistas como Alfonso Arellano, Nikolai Grube, Erick Velázquez, Harri Kettunen, Simon Martin, Christophe Helmke, David Freidel o Alfonso Lacadena, pero el campeón de campeones es David Stuart, quien desde los ocho años dibujaba las piedras de Cobá, y actualmente dirige las traducciones de los últimos textos encontrados en el templo XIX de Palenque. En ellos, ubicamos una serie inicial con la fecha del 10 de marzo de 3309 que conmemora la ascensión al trono del dios GI, el más viejo, el Primer Padre Sol y probablemente se refieran a “Itamanaj” (Dios tutelar del Panteón Maya), El hecho de que esta fecha difiera 195 años gregorianos del origen de la Cuenta Larga (13 de agosto 3114) nos indica que antes de la “Creación de Nuestro Tiempo” hubo otro tiempo, el de los dioses.
La palabra jeroglífica maya puede ser interpretada gracias a los esfuerzos de ejemplares investigadores, quienes a partir de Knorosov, lograron conocer el sentido y la forma de las voces suspendidas en piedra durante cientos de años, hoy, además de pronunciarlas, conocemos sus significantes.
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