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Una
combinación perfecta de pinos, montañas y un enigmático
lago, conforman este mágico poblado, además de ser el lugar
ideal para descansar y realizar deportes acuáticos.
Siendo
capitalino, es casi impensable no pasar un fin de semana en
un poblado que atrae por su trazado, por sus detalles
rústicos que se mezclan con la vida semi urbana que le dan
sus cafés y restaurantes y con el ambiente elitista que
contrasta con la vida rural de algunos de sus habitantes y
vecinos. Así es Valle de Bravo.
Limita al norte con Amanalco de Becerra y Donato Guerra, al oriente
con Zinacantepec y al sur con Temascaltepec, Zacazonapan y
parte de Otzoloapan.
De acuerdo a
datos históricos, los primeros habitantes fueron de origen
matlatzinca y la tradición oral cuenta que en el año de 1530
fray Gregorio Jiménez de la Cuenca, prior del convento
franciscano de Toluca, fundó la villa colonial bajo el
nombre de San Francisco del Valle de Temascaltepec y también
se le llamó El Valle. Para 1861 se le denominó Valle de
Bravo en homenaje al patriota Nicolás Bravo, caudillo
destacado de la Guerra de Independencia.
De ahí la importancia de la Iglesia Santa María Ahuacatlán, cuya
construcción data del siglo XVI y a la que en un principio
se le conoció como la Capilla del Calvario. En el altar
principal destaca la escultura de fina talla del Cristo
Negro y los cuatro lienzos de Phillippa que plasman la
relación teológica entre la leyenda mazahua del cristo y el
Nuevo Testamento.
A un lado del Jardín Central se localiza la Parroquia de San
Francisco de Asís, antigua construcción de dos naves
construida por los franciscanos en el siglo XVII, que
conserva en su interior la pila bautismal y la de agua
bendita originales.
Cada domingo se instala un tianguis con productos comestibles
provenientes de comunidades aledañas, a precios razonables.
De acuerdo a la temporada, por ejemplo, en agosto y
septiembre podemos encontrar aguacates, duraznos y nueces de
castilla; en julio y agosto podemos adquirir nanches,
mandarina china, elotes y una gran variedad de hongos y
setas.
El Mercado Municipal se ubica en las calles de Independencia e
Hidalgo.
Otro mercado que cuenta con diferente oferta es el de
Artesanías, que se encuentra ubicado en Avenida Juárez y la
calle de Peñuelas; ahí se pueden adquirir artesanías
elaboradas en barro café, el cual es extraído de las minas
del Calvario y Barranca Seca.
La mayoría de los tejidos son elaborados por la población otomí,
mazahua y matlatzinca del municipio. También elaboran
puertas, ventanas, balcones, sillas, mesas, candiles y
figuras decorativas fabricadas con hierro forjado.
Para comer existe una gran variedad de alimentos que cumplen
las expectativas hasta del paladar más exigente; en los
Portales se venden tacos, pambazos, tamales, atoles y pan
elaborado en horno de leña, además del tradicional mole de
guajolote, la cabeza de cerdo, res en vapor, trucha y
barbacoa.
La bebida más común es el pulque natural y los licores de frutas
típicos de la región, como el membrillo, anís amargo,
guayaba y zarzamora.
Este pueblo
mágico posee un bello escenario natural rodeado de bosques
de coníferas, donde abunda el árbol de ocote, que llega a
medir hasta 40 metros de altura y al centro, un atractivo
lago que se formó por el embalse de la presa Miguel Alemán.
Aquí se pueden practicar infinidad de deportes acuáticos,
como el veleo, desde la tabla-vela hasta embarcaciones de
mayor eslora, canotaje, kayak, esquí, pesca, entre otros.
Se pueden alquilar lanchas colectivas o hacer un recorrido en
alguno de los yates que surcan la rivera del lago; hay
restaurantes sobre el malecón y otros que curiosamente,
flotan a las orillas.
Los alrededores de este Pueblo Mágico son ideales para la práctica
de toda clase de deportes de aventura, tales como
montañismo, escalada en roca, equitación, senderismo,
ciclismo, campismo y paseos en cuatrimotos. Quien guste de
sentir adrenalina pura, podrá lanzarse en ala delta o
parapente, que usualmente parten de la cima del Cerro de la
Cruz desde una altura de 2500 metros sobre el nivel del mar.
Al noroeste de Valle se localiza la Peña del Príncipe a la que se
puede ascender a pie o en automóvil y ofrece una agradable
vista del poblado, la sierra atrás del lago y su gente.
También se podrán apreciar pinturas rupestres, esculturas de
serpientes, piezas arqueológicas y restos prehispánicos.
Al oriente se ubica la Reserva de Monte Alto, un área natural
protegida conocida también como la torre del guardabosque,
donde se lleva a cabo el despegue de los papalotes.
Otro atractivo es el Parque Nacional Bosencheve, que comprende
15,000 hectáreas; la zona está cubierta por bosques de
coníferas y adornado por dos lagunas de temporal,
denominadas Verde y Seca.
Te recomendamos visitar la Cascada Avándaro, que se encuentra sobre
la carretera al poblado del mismo nombre, y a 10 minutos del
entronque con la carretera que viene de Los Saucos.
Otra opción para conocer, no menos atractiva, es el parque Salto
Velo de Novia, reserva ecológica del club de golf Avándaro
que es idónea para caminar, ir de día de campo o dar un
paseo a caballo.
Por su importante infraestructura turística, sus bellas calles
empedradas y todas las actividades deportivas que se pueden
practicar en Valle de Bravo, no dejes pasar la oportunidad
de visitar esta población típica que con gusto comparte las
bondades que le han dado fama con sus visitantes.
Créditos:
Texto: Elia Pérez |
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