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Catedral de Durango |
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Al noroeste de México, Durango se
yergue orgulloso por significar el cuarto destino más grande en
extensión, poseedor de atractivos naturales que van desde áridas
planicies de la contigua Sierra Chihuahuense, pasando por las
imponentes montañas de la Sierra Madre Occidental, hasta las
impresionantes caídas de agua de 30 metros de El Saltito.
Todos estos elementos aunados a grandes extensiones de bosques y
barrancas son un imán para los amantes del ecoturismo y la aventura,
al permitir el desarrollo de actividades como rappel, bicicleta de
montaña, observación de ecosistemas y campismo, entre otras.
El estado colinda con Chihuahua, Coahuila, Zacatecas, Nayarit,
Jalisco y Sinaloa. En un principio fue habitado por chichimecas y
después por chalchihuitas, cuya principal actividad era la
recolección de semillas.
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El imponente desierto |
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Durante la Conquista, la constitución
de la capital se llevó en torno a la actividad minera, entre los
siglos XVI y XVII, y lo que hoy se conoce como el Centro surgió de
la Villa de Guadiana, construida al pie del Cerro del Mercado. Esta
fue la capital eclesiástica de la Nueva Vizcaya, donde se incluyeron
los territorios de Texas, Nuevo México, Arizona y Chihuahua,
constituida en Durango por 16 misiones evangelizadoras.
La riqueza del estado se hizo patente en sus ostentosas
edificaciones como la Casa del Conde de Valle de Súchil, erigida en
1764; la Catedral, donde cada noche los duranguenses aseguran ver la
imagen de una mujer asomada desde una de sus torres y de quien se
cuenta una trágica historia y, el Palacio de Zambrano, adornado en
su interior con murales de Francisco Montoya y Guillermo Bravo.
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