La Basílica de Guadalupe


Basílica de Guadalupe

La ciudad de México cuenta con una gran variedad de lugares de gran importancia, tanto histórica como en este caso, religiosa. El cerro del Tepeyac, ubicado al norte de la ciudad es sede del santuario consagrado a la Virgen de Guadalupe y representa un lugar lleno de historia desde prehispánica hasta contemporánea.

Historia

La Basílica de Guadalupe, recibe al año aproximadamente unos veinte millones de peregrinos de todos los rincones de México y el mundo. La fecha en donde más personas se dan cita en este lugar es el 12 de diciembre, fecha en la cual se dio la última aparición de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego en 1531.

Pero ¿siempre hubo algún culto a los dioses en este lugar? ¿A quién se veneraba en la época prehispánica?

Para contestar estas interrogantes tenemos que remontarnos a la época de los mexicas, cuando la Gran Tenochtitlán dominaba el Valle de Anáhuac junto con la ciudad gemela de Tlatelolco.

Basílica de Guadalupe

La actual Basílica de Guadalupe que recibe diariamente a miles de feligreses

Entonces, el Tepeyac se veía lejos de Tlatelolco, allá en la costa, pero al paso de los años esa gran distancia, que en las crónicas del siglo XVI nos dicen que era de dos leguas, que equivalen a 6 kilómetros cada una, se comenzó a reducir.

Ayate Guadalupano

La actual Basílica de Guadalupe que recibe diariamente a miles de feligreses

Este acercamiento se debió a la construcción de un camino o calzada que iba de la ciudad de Tlatelolco al Tepeyac, parecida a la que conectaba Tenochtitlán con Tlacopan -actualmente Tacuba- pero de menor proporción.

El camino era de piedra, con cortes para que por ellos pudieran pasar las canoas, y se cruzaba por puentes de madera; al llegar a las faldas del cerro había un pueblo de indios. Esto demuestra que la zona del Tepeyac ya tenía importancia en la época prehispánica como el camino que conectaba la parte norte del Valle con el centro.

Antigua Basílica de Guadalupe

Antiguo edificio de la Basílica y Exconvento de las Capuchinas

En el Códice de Teotenantzin podemos observar las representaciones de una capilla y al centro podemos contemplar las imágenes de de dos deidades que representan esculturas que se localizaban en el cerro.

Esto no es novedoso para la época prehispánica, ya que han llegado hasta nuestro días restos de esculturas elaboradas en bajorrelieve en los costados de los cerros, tal es caso del Cerro de la Malinche, en Hidalgo y de Tezcotzingo, en el Estado de México.

Estas dos pinturas representan en su diseño a la diosa que los indios nombraban Teotenantzin, que quiere decir Madre de los Dioses, a quien en la gentilidad daban culto en el cerro del Tepeyac, donde hoy lo tiene la Virgen de Guadalupe.

Las investigaciones revelan la verdadera identidad de estas diosas, se trata de Chalchiuhtlicue a la izquierda y a la derecha Tonantzin.

Basílica de Guadalupe.- Cascada

Conjunto escultórico "La Ofrenda"

Pero ¿qué atribuciones tenían estas diosas?

Comencemos con Chalchiuhtlicue. Ella, según la cosmovisión mexica, era la hermana-esposa de Tláloc, dios de la lluvia. Su nombre quiere decir “la de la falda de jade” diosa del mar y de los lagos y algunos investigadores la asocian con el nacimiento y los partos; en varios códices se representa a esta diosa con un río que lleva a dos infantes que salen de asiento de la diosa.

Esta idea nos recuerda un nacimiento porque cuando el bebe sale del vientre materno también la madre expulsa el liquido amniótico.

Por otro lado tenemos a Tonantzin, que literalmente significa “nuestra madre” y que se consideraba la madre de los dioses, el corazón de la tierra, nuestra abuela y la de la gente que la adoraba.

Como podemos ver hay varios nombres y características para esta deidad, aunque en general se le asocia con la tierra. Hay que recordar que los pueblos prehispánicos guardaban gran respeto a la tierra y la denominaban madre, porque al igual que una mamá se encarga de proteger, de alimentar y de velar por sus hijos, ella lo hace con los hombres desde tiempos ancestrales.

Capilla del Cerrito

Capilla del Cerrito

Para conocer más sobre el Tepeyac se puede visitar El Museo de la Basilica de Guadalupe, que se localiza a espaldas de la “antigua Basilica”con un horario de 10:00 a 18:00 hrs de martes a domingo y con un costo aproximado de $ 10.00 y acceso gratuito a niños menores de 12 años.

Parroquia de Indios

Antigua Parroquia de Indios

Lo anterior es solo una muestra de cómo se combinaron las creencias de dos pueblos: el español con el indígena. El culto en el Tepeyac tiene varios siglos de existencia y es el centro religioso más importante y visitado de América y el segundo a nivel mundial.

Hoy, ahí se venera a la llamada “virgen morena” o “la guadalupana”, que viene a tomar el lugar en nuestras vidas, que Chalchiuhtlicue tenía para los mexicas, lo que demuestra que desde entonces somos una cultura devota, que no olvida sus raíces.

Museo de la Basílica de Guadalupe

Museo de la Basílica de Guadalupe

Parroquia de Indios

Esta ermita fue construida alrededor del año 1649 y fue levantada ahí porque se cree que es donde Juan Diego vivió sus últimos años. Aquí se albergó durante un tiempo el ayate hasta 1709, así como el estandarte utilizado por el cura Hidalgo al inicio de la guerra de Independencia.

En la Sacristía es posible ver parte de los cimientos de las dos primeras ermitas construidas en el Tepeyac para cumplir el deseo de la Virgen de Guadalupe: una levantada por Fray Juan de Zumárraga en 1531 y la otra por el obispo Montúfar, en 1556.

La tradición guadalupana dice que en la punta del cerro del Tepeyac fue donde Juan Diego tomó las rosas para mostrarlas al obispo Zumárraga como prueba de las apariciones. Sin embargo, no se levantó una capilla aquí sino hasta 1666, cuando un panadero y su mujer, Cristóbal de Aguirre y Teresa Peregrina, pagaron la construcción de la iglesia pequeña.

Basílica de Guadalupe

Capilla del Pocito

Pero esta iglesia conocida como “Capilla del Cerrito” resultaba insuficiente para los miles de peregrinos que deseaban conocer el sitio milagroso, por lo que en 1749 se construyó otra de mayores dimensiones.

En aquella ocasión la capilla se dedicó a San Miguel Arcángel, custodio de María, para que desde las alturas protegiera a la Guadalupana, ya que además de la capilla y sus pinturas de Fernando Leal, cofundador del muralismo en México, subir al “cerrito” bien vale la pena por la maravillosa vista que se tiene de la ciudad de México.

Estatua de Juan Pablo II

Estatua de Juan Pablo II, realizada como un homenaje del pueblo de México a su santidad

En el recorrido por el “cerrito” encontraremos “La ofrenda”, conjunto escultórico de 17 figuras ubicado en los jardines del Tepeyac, y que representan el homenaje de los indígenas a Santa María de Guadalupe como muestra de la rápida aceptación que tuvo su culto entre la población conquistada, apenas 10 años antes de las apariciones.

Este paseo se complementa con la visita a los andadores del jardín y “El camino del Rosario”, serie de vitrales adosados a pequeños muros que permiten al visitante rezar mientras camina.

La Vela del Marino

La Vela del Marino

Ya en el descenso, en la rampa oriente, construida al mismo tiempo que la iglesia de “El pocito”, está la “Vela del Marino”muestra de uno de los milagros de la Virgen Morena.

Se sabe que un barco salido de España estaba a punto de naufragar al llegar a las costas de Veracruz. Para evitar el accidente, los marinos se pusieron a rezar con fervor y se encomendaron a la Virgen del Tepeyac, logrando así salvar sus vidas.

En agradecimiento, colocaron el mástil del navío como soporte o alma de un monumento que desde entonces es uno de los elementos característicos del paisaje del santuario. En los primeros años del siglo XX, un fuerte ventarrón lo destruyó, por lo que fue necesario sustituirlo por un objeto más sólido, pero que remitiera a sus orígenes.

Otra de las construcciones que no debe dejar de visitarse, es el ex convento de las Madres Capuchinas, rama femenina de los frailes franciscanos, construida en 1787.

Visitar la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe o el santuario de la Virgen Morena, no únicamente es estar presente para observar la tilma de Juan Diego, que tiene su imagen, sino también para admirar cada una de sus construcciones y así conocer una historia incomparable.

Ex-convento de las Madres Capuchinas

El templo, como todas las construcciones de su tipo, tiene una puerta de acceso paralela a la calle, es decir, no frente al altar mayor, pues así se facilitaba que las monjas asistieran a misa sin romper con su voto de clausura, aquel en que juraban no salir a la calle una vez que consagraran su vida a Cristo.

Dicha construcción al lado norte, ha sufrido muchos daños por las características del terreno, tal como se puede apreciar en los arcos de uno de los patios interiores visible desde el costado oriente de la Basílica antigua.

El edificio fue ocupado como cuartel y hospital después de que las Leyes de Reforma, establecidas a mediados del siglo XIX, les prohibieron permanecer en este sitio. Años después se volvió a culto, pero como se había inclinado, fue cerrado en los años 70 para su renivelación -primer caso a nivel mundial-, reabriéndose en 1996.

El recorrido se puede empezar donde mejor le agrade, aunque se sugiere que se inicie de acuerdo al tiempo en que fueron emergiendo cada una de las construcciones, como por ejemplo, lo que se conoce como la Parroquia de Indios, que es el edificio más antiguo que se conserva.