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La Ballena Gris
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Dunas del desierto del Vizcaíno

Ecoturistas con ballena "amigable"

Enclavado en la laguna Ojo de Liebre; siendo un lugar en donde de una calle a otra el horario cambia; bañado por el ambiente inconfundible del desierto que lo rodea; atípico, misterioso e interesante; así es este pueblo de Baja California Sur.


Aunque en su nombre no refleje la industria salinera que le da vida, sustento y reconocimiento a nivel mundial, ni el escenario natural que ofrece al turismo, es un pueblito hospitalario, donde anualmente llegan cientos de ballenas grises a aparearse y dar a luz a sus crías, razón por la cual es parte del área protegida El Vizcaíno.

Origen ballenero
"Black Warrior" es el nombre de un barco ballenero inglés que zozobró en 1850 frente a las costas de esta parte del Océano Pacífico y que desde 1957, cuando nació este poblado, dio nombre a Guerrero Negro, que actualmente es el principal productor y exportador de un promedio de siete toneladas anuales de sal.
   La laguna, conocida también con el nombre de Scammon´s, por el infame depredador, ahora se ha convertido en una atracción turística por la arribazón de los grandes cetáceos, mismos que pueden considerarse casi mexicanos.

Atardecer en la Bahía Ojo de Liebre

Exportadora de sal

   Pues bien, la historia de este pueblo, que cada día toma mayor importancia, se remonta al siglo antepasado cuando el capitán Charles Scammon, ballenero, descubrió la entrada a una laguna -Ojo de Liebre-, que servía como lugar de apareamiento y nacimiento de miles de ballenas grises; esto lo impulsó a explotar estos mamíferos y aprovechar su aceite, lo que ocasionó la casi extinción de la especie.

El Vizcaino y su salinera
Actualmente esta laguna, en cuyas orillas se levanta el pueblo de Guerrero Negro, forma parte de la Reserva de la Biosfera "El Vizcaíno", donde año tras año, durante los meses de invierno, se ve llegar de latitudes norteñas a cientos de aves migratorias, al tiempo que después de un recorrido aproximado de 10 mil kilómetros, partiendo desde las aguas frías del Mar de Bëring, en el Océano Ártico, arriban en busca de refugio las ballenas grises.
   En el sistema lagunar de Guerrero Negro se localiza el productor de sal por evaporación más grande del mundo, donde solamente en 1989 se extrajeron 5 millones de toneladas de sal mediante el proceso de llenado de estanques con agua de mar, encargándose el ardiente sol del desierto de evaporar el agua y dejar un precioso residuo: la sal.

Desierto El Vizcaíno

   De ahí que la Exportadora de Sal de Guerrero Negro ahora es mundialmente reconocida como la productora líder, ya que almacena y exporta más de siete millones de toneladas al año que son enviadas a Japón, Corea, Estados Unidos, Canadá, Taiwán y Nueva Zelanda, entre otras naciones.
   Sin embargo, esto ha motivado algunas diferencias entre los productores y los ambientalistas, quienes afirman que debido a las aguas salinas es que llegan al lugar los cetáceos.
   Entonces, con el propósito de fomentar la preservación de la ballena gris, México se adhirió a la Comisión Nacional Ballenera desde 1949 y a partir de entonces ha promulgado una serie de decretos para la protección de la especie y su hábitat.
   Finalmente, en 1988, se decretó reserva de la Biosfera, misma que integra al complejo de lagunas y sitios de alimentación y reproducción de ballenas.

Compromiso ambiental
Es así que, combinados estos factores, tanto ecológicos como industriales y turísticos, los empleados de la Salinera y los demás habitantes de Guerrero Negro y prestadores de servicios turísticos han aprendido a respetar el medio ambiente y a poner en práctica medidas que ayudan a la conservación.
   Un ejemplo es la colocación de postes de madera destinados para que las águilas pescadoras construyan ahí sus nidos, a salvo de los coyotes, lo que ha permitido que el número de estas aves en la región se haya multiplicado por cuatro en los últimos 20 años.
   Asimismo, gracias a esas medidas proteccionistas, la ballena gris ha recuperado completamente sus niveles normales de población, que en su arribazón de diciembre junto con los paisajes semidesérticos, ofrecen al visitante sitios únicos para disfrutar de la brisa del mar y el sol desértico.
   Otro gran ejemplo de conservación es el llevado a cabo por Ford y la CONANP para la protección del Berrendo, el tipo de antílope americano más veloz sobre el desierto, que muchos años atrás galopó en manadas que simulaban manchas doradas por Sonora, parte de Sinaloa y Coahuila, Baja California y Baja California Sur, llegando a estar casi extinto y siendo hoy un exitoso proyecto de recuperación de una especie.

Vegetación xerófila

Atractivos en las salinas
Guerrero Negro cuenta con una pequeña y rústica infraestructura turística, pero de buena calidad para atender a los visitantes que llegan dispuestos a conocer los sitios excepcionales que ofrece.
   Aquí, el turista no puede dejar de visitar el restaurante "Malarrimo", cuyo propietario, Enrique Achoy, en la década de los 70´s fuera el chef del comedor de la empresa salinera y que ahora deleita a todos con especialidades del mar, tales como almeja mano de león, almeja chocolata, pulpo, camarón y pescado cabicucho, preparados a su estilo muy personal. También está el restaurante Mario´s y La Casita.
   Existen también pocas tiendas de artesanías y curiosidades, pero se cuenta con supermercados bien abastecidos como La Ballena y cómodos hoteles como La Pinta, todos atendidos con la típica hospitalidad bajacaliforniana.

Cómo llegar
Guerrero Negro no es fácilmente accesible, pero créanos que al llegar ahí, cualquier trayecto que haya seguido está más que pagado, al poder tocar a las amigables ballenas grises mientras enseñan a sus ballenatos a sobrevivir en el mar; observar los atardeceres frente al mar, sentados sobres las blancas dunas y pudiendo visitar la estación del programa para la recuperación del berrendo peninsular; todo, bien vale la pena, pues es una experiencia sin igual.
   En auto, se puede llegar desde La Paz, al subir bordeando el mar de Cortés, pasando por Loreto y Santa Rosalía, para después atravesar la sierra de San Francisco -y de hecho toda la península-, para llegar al pueblo, junto al Pacífico mexicano.
   De Tijuana puedes manejar hacia el sur por la carretera transpeninsular 1; tomando este recorrido, el viaje durará cerca de 10 horas, aunque el paisaje lo vale.
   La línea aérea Aerolitoral ofrece varios vuelos a la semana desde Hermosillo, Sonora.

Créditos:
Texto: José Carlos Aviña